LA LLEGADA DE LOS PINGÜINOS

De Valle Los Huemules a Cabo Dos Bahías: Barbara Schmatz

La "Vigilia de los pingüinos" es un producto consolidado desde hace algunos años, con epicentro en Punta Tombo. Pues esta vez, además, será Cabo Dos Bahías el lugar donde también llegan esas aves marinas para hacer sus nidos, empollar y dar al ecosistema nuevas crías. 

Para ello, desde la Agencia Turismo Comodoro, que titulariza nuestra entrevistada Bárbara Schmatz, se organizó un evento de especiales características y,  a pesar de nuestra insistencia por saber algo más, como ella nos dice durante la amable charla que mantuvimos en su despacho, "si se anticipan muchos datos no hay factor sorpresa y lo que queremos es que la gente se sorprenda con lo que hemos organizado".

Bárbara en directo

" El turismo debe ser tangible -nos dice y continúa-  que genera una actividad turística, sin darse cuenta . Hay una sensación académica de lo que sigue el turismo . Parece que todos tienen que ser licenciados, estudiar años de guias de turismo, años de guardafaunas, procesos largos que en realidad no son tan necesarios. Sí es importante regularizar y controlar las actividades turísticas. Por ejemplo: no es necesario que sea licenciado en turismo alguien que le cuente a un señor que viene de Europa, la historia de Comodoro". 

Es la info que podés encontrar en Google...

Exacto. En estos meses que llevo acá me encontré con gente que conoce muchísimo Comodoro, con experiencias de fin de semana que efectúan trayectos en bici, paseos con amigos, paseos para  juntar yuyos, hacen avistaje de aves, buscan piedras... Hay cualquier cantidad de actividades que la gente realiza sin saber que eso se puede transformar en una actividad turística; hacerla más humana, más tangible. 

Es como que vas a redescubrir lugares...

Claro... Y lo vamos a hacer no desde una posición institucional armada, donde a vos te proponen cómo tiene que ser la historia, qué podemos rescatar de todo eso. Me interesa mucho apuntar al factor sorpresa, que prenda la curiosidad de la gente...

Veo que hay mucha desinformación. Me parece que no saben qué va a pasar, por ejemplo con la vigilia de cabo Dos Bahias. Sería bueno largar una punta del ovillo.

Sí, eso se va a venir porque en los últimos 10 días previos al evento vamos a trabajar el tema. Se viene la vigilia: vayan y vean.

Se va a llamar también "vigilia"

Sí, es muy importante, porque es un producto posicionado,La de Punta Tombo es todo un ejemplo.  La "vigilia" es el evento en sí. Nosotros lo que hacemos es incorporar al Parque Nacional en esta actividad del tema digital que tiene a la naturaleza y a la ecología plenamente.

La vigilia de los pingüínos y de las ballenas son cien por cien naturaleza. Imágenes no comerciales; tampoco son experiencias de vida. Es mostrar el potencial natural que tienen las costas patagónicas.

¿Y qué va a haber?

Un área recreativa y de interpretación donde vos vas a poder encontrar información, tanto desde lo geográfico como de lo biológico y humano. Y actividades para los más chicos, que tengan que ver con la protección de la ecología, cuidado del medio ambiente. Estas son algunas áreas que va a tener el evento básicamente.

Luego, la compañía de uno de los protagonistas que es Camarones. Están sacando todas sus cosas lindas, crearon un equipo de trabajo entre la Municipalidad, alumnos de escuelas y privados. Va a ser la "ciudad anfitriona" para una actividad concreta de "Cabo Dos Bahías".

Generar una puerta en la ciudad.

¿Y qué pretendés con esto, Bárbara?

Mi única intención es despertar una llama de esperanza en la gente. Siempre he creído que el turismo mejora tu calidad de vida. Tanto en las personas como en los pueblos, ciudades, en los países. He tenido la suerte de trabajar en lugares netamente turísticos y la actitud en el diario vivir es otra. La manera de relacionarse con el diariero, el panadero... es diferente de lo que puede provocar otra actividad, como por ejemplo la actividad de la explotación del petróleo. No sólo en Comodoro. Lugares en donde se desarrollan actividades de explotación de recursos naturales de la tierra, logra en la gente actitudes diferentes de las que genera el turismo.

 Esta "vigilia" a lo que apunta es al Parque Nacional, darlo a conocer ,al atractivo natural, La "vigilia del Parque Nacional"

¿Y una familia, cuánto tiempo puede pasar allí, sin aburrirse, dónde cobijares porque, a veces el clima en la zona no acompaña...

Le pedí al Parque Nacional un permiso. Es verdad, fui y le dije: Parque te pido permiso. Yo me comprometo a hacer algo bueno, con todo respeto. Necesito un día lindo. Hay que ser respetuoso, nos dice. Esto se va a llamar "Vigilia desde el Parque Nacional". Es un área de reserva.  

Se va a montar una carpa   donde funcionará el Centro de Interpretación. Va a haber diferentes sectores. Está armado para desarrollar estas actividades. También los servicios necesarios dentro del lugar donde se desarrolle el evento. Habrá baños, lugar donde se pueda comprar comida y bebida, gente a la cual se le podrá preguntar; habrá también intercambio; un servicio desde este Centro a la Pingüinera... Pero llevados responsablemente. Es el lugar de los pingüínos. Por ejemplo: ellos cruzan la pasarela. Va a haber gente que explicará. No nos olvidemos que estos pingüinos están en uno de los procesos más importantes de sus vidas. 

¿Y qué sentiste cuando fuiste por primera vez?

Dije una frase: "Se me acongojó el alma". Realmente es una sensación de tanta intangibilidad en el territorio, tan difícil de encontrar en el mundo, que uno necesariamente siente respeto. Hay que encontrar algo bueno para ese lugar. Tuve oportunidad de recorrer por tierra el Parque Nacional, con guías, desde Camarones. Realmente tienen un conocimiento y un amor infinito por la zona. Las condiciones del viento, frío, calor, me mostraron todo su potencial. 

La segunda vez que lo visité fue volando desde Comodoro en avión. Realmente se vuelve imponente. Se ve todo su potencial en su máximo esplendor. Es un "amor a primera vista".

¿Y qué ves para el futuro?

Mi desafío es generar una comunión entre estas actividades que nos rodean, preservación, todos saben que se viene el off-shore a nuestras costas patagónicas. El trabajo es lograr comunión. Que las empresas petroleras se vuelvan responsables en el cuidado y en la preservación del potencial que tiene, no sólo sobre los pueblos de la costa patagónica. Es un potencial del mundo. El trabajo es bien difícil. Es que el Parque no viene con el título de propiedad incluido. Tiene la característica de ser interjurisdiccional, le pertenece al mundo. Los animales que hoy están acá, están en otro momento en otra parte del mundo; tienen que poder ir y volver. Tenemos que cuidarlos por la Humanidad y por el planeta en sí mismo.

¿Y cómo eras de chica?¿Te gustaba la naturaleza?

Me crié en el campo, hasta los 6 años, en la zona de Lago Blanco, sudoeste de la provincia de Chubut. Mi padre es administrador de una estancia. Vivir así es como inyección a la vena de naturaleza. En Comodoro viví en Kilómetro 3. El cerro Chenque era como el patio de mi casa. Lo subíamos y bajábamos cuantas veces era posible. A veces con restricciones de mis padres.

¿Tenés hermanos?

Sí, tengo uno, un año menor que yo, amante de la naturaleza también. Él también es ganadero y con él aprendimos juntos ese amor por la naturaleza, por lo que el suelo nos da, de comer y vivir. Y lo importante que es. Mi papá también respeta mucho, sobre todo la tierra.

¿Cómo era tu niñez? ¿Tenías amigos en el campo?

Hasta los 6 éramos mi hermano y yo. Amiguitos teníamos en los alrededores; no era una presencia diaria. Esto era algo bien interesante. A los 6 volvimos a Comodoro a estudiar. No sabíamos ni pelear; no lo necesitábamos en el campo. Teníamos todo. ¿Queríamos andar a caballo? Había dos caballos. Era compartir todo. Mi niñez la recuerdo muy feliz, muy saludable, mis padres excelentes personas, los considero grandes maestros de la vida.

¿Y cómo era tu relación con tus abuelos?

Bueno, mis abuelos, de la Provincia de Buenos Aires les costaba viajar. (se ríe) No saqué de ellos esa parte aventurera. Mi madre es chilena, de Santiago de Chile. Mi abuela materna se quejaba de las distancias que debía recorrer, pero se subía al avión todos los años y venía en el verano al campo, época de esquila, de trabajo. Era imposible salir nosotros.

¿Y vos ayudabas en las tareas del campo?

Sí, pero fui alejándome, con los años, de la vida rural. De la ganadería específicamente. No así con la naturaleza. Mi hermano, en cambio, absorbió todo: es cien por cien ganadero, ama sus ovejas, vive en Esquel y también es administrador de estancias.

Es una de las pocas personas que siempre tuvo en claro qué quería hacer desde que era chiquito. Siempre se llevaba materias, por vago, claro. La amenaza era: okey, entonces no vas a la esquila. Y en una semana sacaba todas las materias. No podía perdérsela. Se llama Pedro, igual que papá.

Jugábamos con los fardos, tomábamos mates con tortas fritas con los peones. Era el momento más feliz del día. Nos contaban chistes, historias fantasiosas, bien de gente de campo, muy divertidas. Te abren la imaginación.

Cuando empecé la secundaria sentí que necesitaba otra cosa, andar por ahí. En mi rebeldía, me subí a un camión, irme hasta Coyahique, andar de aquí para allá. Fue difícil para mis padres el que yo despegara cada vez más y más. Hasta el día de hoy, creo, les cuesta saber que soy una persona que le gusta andar por el mundo. Hace años que me considero una ciudadana del mundo.

¿Dónde cursaste el secundario?

En el Instituto Austral. Allí ingresé cuando recién se abría. Fue una experiencia interesante, diferente de lo que es ahora, por su dimensión. Me acuerdo el primer día de clases: éramos trece. Teníamos un equipo de profesores que apuntaban hacia la naturaleza. Hacíamos campamentos en Esquel y otros lugares de la provincia, donde hacíamos actividades relacionadas con la naturaleza.

¿Te ves con alguno de tus compañeros de entonces?

A casi todos. No todos los días, pero sí sabemos los unos de los otros. Algunos están fuera del país, otros acá, en Comodoro, casados, con hijos, familia. Siempre que tenemos oportunidad, nos cruzamos.

¿Cómo era tu relación con el mundo?

Me acuerdo -y mamá comenta muchas veces- que la primera vez que me subí a un avión sola tenía cinco años. Me iba a Santiago de Chile a hacer un tratamiento de alergias. Recuerdo la emoción, no los detalles. Eso de subir, sentarte, creo que fue el punto del comienzo. Luego pasaron años en los que no podía mandarme sola. Terminé la secundaria y algo que tenía clarísimo, y mis padres me abrieron esa puerta, fue la de irme a aprender idiomas. Me fui a Canadá, fue mi opción. Mi primer arranque formal con mi vida, a mí cargo. Fui un año a Saskachewan y Moosje Jaw, un pueblo chico, más chico que Comodoro, pero muy amigable. Creo que para una experiencia como esta es bárbaro. Puede ser hasta contraproducente irte a los 17 años desde aquí a Nueva York. Tuve la fortuna de tener al director como mi house-dad. Es una experiencia sensacional, dura por momentos porque no es fácil salir y despegar de tus amigos, familia, de la aceptación que tiene el lugar por vos. Es difícil: uno lo toma o lo deja. Fue un año bárbaro.

¿Y cómo sigue tu historia?

Bueno... Tenía una prima que tenía una agencia de viajes en Santiago de Chile. Una mujer a la que yo admiré y quise mucho. Lamentablemente falleció. Era mí ídola. De regreso de Canadá nos juntamos en Washington. Ella estaba allí con un grupo de la agencia. Llegué y me hice cargo del grupo junto con ella. Fue fantástico. Una se sentía bárbaro. Eso de hacer el cheq-in en los aeropuertos, en los hoteles, me encantó. 

Volví y con esta iniciativa, que mis padres han tenido siempre de la superación y ser mejores, estudié administración de empresas en la UADE. Seis meses y fue un fracaso total. Pero era por la base empresarial. Igualmente hoy agradezco tener esa base pero lo que me gustaba era el Turismo. Meterme en eso donde el mundo era más pequeño. Así que estuve viendo qué podía hacer. 

Me crucé con una amiga y me contó sobre un lugar. Me anoté y me recibí de Licenciada en Tecnicatura Turística en Buenos Aires. Fue interesante. Era una universidad pequeña. No me gustan los lugares masivos. Los contenidos estaban enfocados. Tuvimos contactos personales... Este tipo de universidades te dirige para otro lado.

Terminé y me fui a Coyahique. Con esto, con lo de siempre, con la zona y la cercanía del campo. Me ofrecieron administrar unas cabañas en un lago cerca de Coyahique. Un lugar hermosísimo. Era hacerse cargo de un lugar en medio de la nada. Organizar las cabalgatas, circuitos de pesca, etcétera. Yo era la anfitriona, hacía todo, hasta las camas. Pero era fácil, divertido, era como volver a mi lugar de origen. De hecho, mis padres se conocieron en Coyahique y allí tengo excelentes amigos.

Fue lo más amigable para mi familia vivir allí. Estaba lejos pero no tanto. Estaba contenida. Empecé a buscar otros destinos. Me dieron la posibilidad de Puerto Varas. Fue un gran cambio. Sin amigos, no tan conocida, lograr que confíen en vos... Allí descubrí lo mucho que me gustaba llegar a un lugar y que no me conociera nadie, empezar de cero. Una sensación adrenalínica. 

Acá, por ejemplo, siempre tenés el referente de ser "la hija de..." o "la amiga de...", es como tener un guardaespaldas. Disfruto mucho en conocer a los seres humanos, más allá de tener ese background.xc

De Chile pasé por diferentes empresas, diferentes actividades, barcos, tracking. Me mandaba a todo, con actitud. Sostengo que con buena intención todo sale.

¿Y cómo llegás a tu actual cargo en el equipo de Martín? Tu relación con él ¿Cómo comienza?

Nos conocimos, con Martín, haciendo un curso de Turismo Receptivo en Comodoro. En ese momento yo estaba entre Chile y México, pasando unos meses con mi familia. Se dio lo del curso, me anoté, éramos un grupo de 3/4 personas que, naturalmente, nos sentimos identificados.

Trabajábamos en equipo. Fue un mes muy intenso, muy aportativo. De ahí en más, el contacto siguió a través de mi madre que nos informaba lo que hacíamos cada uno. Sobgre lo que estaba generando Martín. 

Cuando fue Ministro de la Producción, me encontró, un día, y me propuso trabajar con él. Pero yo no estaba lista para volverme, aunque esto me quedó dando vueltas y la posibilidad de trabajar con alguien que, para mí, es cien por cien positivo, o sea ser una persona que hace lo que hace por el bien de todos, con muchísimo conocimiento, bien intencionado y que sus estudios y su formación le posibilitaron crear el plan que tiene para Comodoro.

En noviembre del año pasado vine a ver a mi familia y de la nada, suena mi teléfono. Era Martín. Lo felicito por haber ganado las elecciones y me dice "por eso te llamo, para invitarte a participar de la gestión". Se transformó todo en un huracán. Estaba bastante posicionada en México, había logrado montar una agencia propia junto con unos socios de la provincia de Córdoba; nos estaba yendo muy bien; se estaban viendo los resultados, pero fue muy tentador: la posibilidad de aportar a este lugar que, en definitiva, me permitió ser quien soy. Trnasmitir todo.

Hacía seis años vivía en Playa del Carmen. El 20 de noviembre estuve con Martín, luego de ahí hasta el 11 de febrero vendí mis cosas, dejé poderes, armé la mudanza y acá estamos, tratando de convencer al mundo que el Turismo es una excelente alternativa.

 

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