ANGELIKA HELBERGER FROBENIUS 

La autora de la Guía Ecológica para la Familia y su visión del Hombre, la Naturaleza y la Geopolítica para la Argentina

De la rigidez teutónica de mediados del siglo pasado a escribir un libro sobre ecología y tener como principales destinatarios a los niños, hubo de pasar mucho territorio bajo las plantas de esta mujer aguerrida, segura de sí, con ideas muy claras que traduce en conceptos casi irrefutables, en la que la belleza de su mente deja entrever la de su propia juventud, a través de unos ojos de color verde pero de mirada nada serena, vivaz y con ese destello permanente que incita al movimiento, a generar cosas y llevarlas a cabo. Angelika Helgerber Frobenius, autora de la "Pequeña Guía Ecológica para la Familia" y que presentó su libro en la XIII Feria del Libro de Comodoro Rivadavia, es con quien charlamos largamente en una amable tarde sin viento en nuestra ciudad.

Se define como "Alemana de pura cepa" aunque, al final de la charla nos dirá que "no reniega de su origen pero no se siente más alemana...". El primer recuerdo es para su abuelo, Leo Frobenius, quien de algún modo ya estaba ligado a la Argentina porque, según recuerda Angelika, Jorge Luis Borges escogió el libro del abuelo --etnóloco y explorador en África- "para su biblioteca personal como uno de los 100 mejores del mundo". El otro abuelo fue inventor y 68 años más allá de su nacimiento en Frankfurtmaine, Angélika define a su familia como "intelectuales de altura".

 

Habas que se cuecen en todos lados

"Tuve una educación aparentemente excelente --dice Angélika--, pero también me pasó de largo, porque los pedagogos tienen las mismas deficiencias que las que observamos ahora" define.

" Me di cuenta de chiquita que los adultos sólo querían que fuésemos obedientes y no tuviéramos ninguna crítica de nada y, ojalá, ninguna pregunta. Así que la crítica la sigo teniendo y las preguntas las sigo haciendo y tratando también de ofrecer respuestas a esas preguntas que ya, mientras tanto, algunas las fui encontrando", agrega.

Pero esas preguntas que no querían los adultos de entonces, son las que la llevaron a movilizarse, a salir de un encierro invisible que la asfixiaba lentamente en su país natal.

Por fin la cumbia

Casada con un hindú-inglés, según su definición, el matrimonio dura lo que un soplo en el hueco de la mano, y viaja a Colombia, con su primera hija de 3 meses, a visitar a su madre. Claro, antes su progenitora se había divorciado de su marido --el padre de Angélika-- y formado una nueva pareja con un viejo admirador de la infancia con quien viajó a ese país sudamericano de dos costas marítimas.

Allí conoce a quien sería su compañero --antes había dicho "mi marido" pero corrigió enseguida: "compañero, una se casa una sola vez..."-- y también conoce otros desafíos que asume con la tranquilidad con la que bebe el café que humea en la mesa del bar donde charlamos.


Vuela alto para encontrar la tierra

Tal vez el Indio Gasparino hubiera dicho lo contrario, pero Angelika asume su vocación de piloto aéreo y comienza a despegar de la semiesfera volando en una pequeña compañía, "Azteca"., de taxis aéreos. Pero no es suficiente ni lo será: su meta es obtener la licencia de piloto para los, por entonces, modernos DC-4.

"Entrar es fácil; lo difícil es permanecer dentro", nos dirá cuando llegamos a su conchabo como piloto comercial de DC-4 en una compañía aerocomercial colombiana.

Aunque suene ridículo en este inicio del Tercer Milenio, nuestra entrevistada tuvo que sortear escollos no técnicos ni psico-físicos sino "sociales-empresariales". En efecto, y como bien ella nos lo afirma "por la condición de ser mujer", la empresa oponía serios reparos a embarcar "una mujer más en la nave donde ya había azafatas". Y quienes aparentemente argüían tal dislate eran "las esposas de los pilotos".

El aparente ardid fue afirmar y no cansarse de repetir que "lo único que busco es lograr la licencia para pilotear DC-4", dijo Angelika a quienes quisieran escucharla. Así, como deslizándose, ingresó a la aerolínea donde voló durante 9 años y 9 meses.

"Estar cerca del cielo me ayudó a encontrarme", nos dice sintetizando esos vuelos interiores que, finalmente, la trajeron a una granja, un pequeño terreno de 2.200 metros cuadrados en la tierra del café de Juan Valdéz.


Feminismo, naturaleza, ecología

Propulsora de la armonía entre el ser humano y la Naturaleza, Angélika recuerda que, justamente, por ese encuentro consigo misma allá en las alturas donde volaba con los DC-4, "entendí que la mejor forma del feminismo era ser madre y a eso me dediqué", aunque por eso mismo también la relevaron de su trabajo "que no era sino una herramienta para la subsistencia", acota.

No fueron fáciles pero tampoco imposibles los tiempos que sobrevinieron luego de las alas y las nubes. Tierra firme en un pequeño "terroncito" donde "todo se daba, donde venían pájaros nuevos a cantar y donde crecían plantas que no eran aptas, en apariencia, para tales alturas ni tipo de tierra", recuerda, reafirmando así que "cuando el hombre está en concordancia con la Naturaleza, la Naturaleza responde".

Allí, entonces, surge ese movimiento ecologísta que la lleva a transitar por el continente. "En realidad sería filosófico, pero no puedo presentarme como periodista filosófica sino como periodista ecológica", acota entre risas.

Una fundación, Colciencias, entre otras que apoyan su proyecto, la encomienda la tarea de dar informes sobre el resultado de los mega-proyectos ecológicos "realmente sirven a su anunciado objetivo o, por el contrario, nada más alimentan el paternalismo burocrático".

Sin embargo, no estuvo fuera de la mira de "la guerrilla", como la denomina, ya que, recuerda: "me veían muy revoltosa, porque yo luchando a favor de la mujer, de una manera muy diferente, se habrán dicho "ésta nos viene como anillo al dedo". Pero yo no acepto a la violencia como método. Con la violencia no trancé con ninguna de las partes. Considero que la única lucha que podemos hacer es por medio del Amor y nada más. La única herramienta efectiva. Así que no. Y ningún arma de acero".

De modo que dispuesta a irse de Colombia, Angélika arma "todo este viaje, descubriendo América 500 años después" y comienza a recibir adhesiones y ayudas. "Muy poca plata y muchos honores", se ríe al recordarlo. " pero logré la base como para realmente moverme. Vendí mi casa, vendí todo; mi marido me hizo el favor de quedarse, así que arranqué con mis dos hijos pequeños y una perra, y así recorrimos el continente", rememora.

 


Como Argentina no hay...

Después de 32 años en Colombia, Angelika sale de allí y, vueltas y más vueltas, llega a la Argentina en la década del 90. Mendoza es su lugar de residencia luego de pasar por Buenos Aires y, más tarde, Malargüe.

"Ya en Argentina, vi este país y me dije: aquí hay que quedarse, no hay otro. Pero no sabía adónde. Y los niños necesitaban estudio. Cuando llegamos tenían 11 y 13 años. Una edad excelente, porque en esa época todavía le creen a uno, están totalmente confiados con uno, hacen las cosas de uno... así que cuando al fin aquí, en Argentina, en Buenos Aires, les hicieron un examen, constataron que la madurez que tenían superaba a muchos..."

Mendoza fue, entonces, el breve afincamiento que contuvo a Angélika. Sus hijos completaron estudios básicos allí y desde el '93 al 2000 las acequias acompañaron los pasos de la autora y sus críos.

Porque allí, en Mendoza, es donde "nace" otro hijo: el libro, al que ella denomina "librito".

Respuestas 

Y retoma el tema de las preguntas sin respuestas de su niñez y éstas, las de ahora y aquellas que debía darle a Colciencias respecto de los mega-proyectos ecológicos.

"No podía responder con una respueta académica que se archivara. Así se me ocurrió escribir un libro para chicos", nos dice Angélika. Pero ¿por qué a los niños? preguntamos luego de conocer lo que nos refiriera acerca de su propia niñez.

"Mi voluntad de tener hijos fue transformar esa educación teutónica que había recibido donde me decían hijos no se tienen. Entonces, quitarte eso de encima... porque hasta ahí yo también veía a los niños como un estorbo y qué horror y hacen ruido, ensucian...", recuerda con total honestidad. 

"A partir de ahí entendí que no estorban, que no importa si ensucian que es fantástico... Me encaucé con todo y, además, me acordé que yo había sido niña también, y yo de niña era revoltosa... así que los niños tienen derecho (no derecho infinitamente, acota) de hacerse su piso y con toda su capacidad que traen. Eso lo entendí, lo mantuve vivo siempre", reafirma.

 El eje del libro

Los avatares de cualquier autor que pretende editar su obra no le fueron ajenos a Angelika, pero al fin, con la ayuda de unos y de otros, logró que la plana sacara pliego tras pliego hasta formar los cuadernillos que hoy conforman Pequeña Guía Ecológica para la Familia

"Yo tratando de imprimir el libro, de editar el libro. Me costó, como dicen ustedes, "un huevo"... me costó muchísimo, porque había, como decía ayer Viviana (Almirón), una resistencia grande, muy grande. Es esa resistencia: cosas nuevas... no. Pero yo me mantuve siempre, siempre con la convicción de que esto tiene que calar. ¿Qué tiene que calar? Que el ser humano tienen que entenderse con la naturaleza enteramente. Que nadie puede hacer por él lo que él no puede hacer. Que esto se tiene que trasladar a una concepción mancomunada, no una cosa individualista, porque el individualismo está mandado a recoger en todas sus formas. Que tenemos que llegar a comprender que la Naturaleza es un reflejo de nuestros aciertos y desaciertos, y mayormente desaciertos. Y que justamente para que haya Naturaleza no podemos ahora menjunjiar con nuestra mente chata para hacerle algunos remiendos, sino que tenemos que aprender a convivir de tal forma que la Naturaleza, automáticamente, responde. Que es totalmente diferente. Entonces dejamos de hacer impactos negativos. Porque no es necesario que por ser humano, hacer un impacto negativo en la Naturaleza. Para nada. Si nosotros ya no somos entes naturales de afuera para adentro, ya no hacemos eso y la Naturaleza nos apoya."

Y sigue: "Esto yo lo he visto porque en mi granja, en Colombia, cuando vos vivís así, se suscitan las cosas más extraordinarias por parte de la Naturaleza. Nosotros teníamos un terroncito de 2.200 metros y las cosas que pasaban en ese terroncito, chiquitito... ¡ni hablar! Llegaban pájaros de todos lados, se paraban a cantar. Las cosas crecían solas, con medidas exactas. Yo solamente tenía que pensar. Además crecían cosas que no se podían cultivar fácilmente, y a mí me salían como nada. Cuando yo necesitaba un herbicida y no sabía qué hacer, vi tabaco crecer en las alturas de Colombia, donde no crece el tabaco... a mí me crecía. Es decir: esto se puede hacer. No como una cosa milagrosa en una parte sino que se tiene que hacer mancomunadamente en todas partes."

 

 

 

 


Comodoro puerto de ¿llegada?

Entre las coincidencias, como la del libro de su abuelo que escogiera Borges, también está la del nacimiento de Comodoro como ciudad y la de Angélika como ser humano: ambos el 23 de febrero. Pero no le gustaba la ciudad vista en un mapa: "ahí donde hay tanto petróleo, mejor no" dice que musitaba.

Pero más allá de cualquier creencia, está el adagio que reza aquello de que "el Hombre propone y Dios dispone". De modo que por pretender festejar su cumpleaños en la localidad santacruceña de Los Antiguos, debió bajar a Comodoro Rivadavia y, como nos dice "me quedé". 

Poco antes había intentado hacer entender a los pobladores de El Bolsón su propuesta armónica Naturaleza-Hombre. La hija, la mayor, le sugirió ese destino: "allá te entienden" le había dicho. Pero no, no la entendieron durante el año y medio que vivió en tan atractiva zona.

Nuevamente, Angélika repite el modelo: vende todo, "absolutamente todo" reafirma y "decidí, de verdad, convertirme en un ser itinerante", dice. Haciendo caminos al andar llega a Viedma, en Río Negro. De allíl baja a Trelew y un día cualquiera de hace 3 años, se entera de que habrá un "·congreso de mujeres" en Comodoro Rivadavia. Obvio que la invitan a participar y así llega a estas costas.

Por esas bromas que nos juega la memoria en ocasiones, Angelika parecería llegar a Comodoro en dos oportunidades distintas y por distintos motivos. Uno, el que comentamos acerca de festejar su cumpleaños en Los Antiguos; y el otro, por el congreso de mujeres del párrafo anterior. De todas maneras, como sea que haya sido, el caso es que en nuestra ciudad nace el tercer nieto de los seis que ya le han dado sus hijos, y lleva aquí, 3 años.

"Viajé a Colombia a arreglar algunas cosas y al volver, me tocó Mendoza" recuerda.

Del biocombustible a la Feria del Libro

Por las experiencias anteriores, como nos cuenta, Angélika no se acercó a la Municipalidad "para nada". Pero, hete aquí que da en leer, en la prensa, a un "personaje que mandaba unos aparatos para hacer biocombustible en Inglaterra: Marcelo Machín" reucerda y se autorrefiere: " "A este tipo hay que conocerlo, pensé".

La perseverancia le da sus frutos y consigue ubicar Machín. Éste la invita al Lucania Palazzo y en ese centro de reuniones políticas y empresariales, conoce a Marcelo Velazco " el periodista de la municipalidad", acota.

Como los nudos del crochet, así teje su historia Angélika: " Yo le dije: Marcelo, yo no quiero Municipalidad. Pero Marcelo Velazco me enchufó con la Municipalidad", recuerda de ese primer encuentro en el hotel.

" Yo había planeado hacer una campaña educativa ecológica nacional, desde Buenos Aires, desde que vi que en Argentina, en torno al tema no pasa nada. Y las papeleras un papelón espantoso. Y todas las cosas papelones espantosos. Es decir: no son tomados en cuenta los niños; no es tomada en cuenta la educación; la educación es un terror, pero no sólo en Argentina, en todas partes es una educación asistencialista, una educación desnaturalizadora, donde el niño no puede desarrollar su capacidad. Es imposible. Tiene que aprender de memoria las recetas y fórmulas que le empacan y listo. No puede pensar. Igual que en mi época, aunque en mi época se aprendía un poco más. Hoy, la misma o menos. Está en una línea decadente muy marcada", especula. 

Cuando le preguntamos si, por ese "enchufe" al que hizo referencia, ostentaba algún cargo en la Municipalidad, Angélika exclama un "¡¡Noo!!" casi excluyente. Luego, nos regala la frase: "los ruiseñores tienen que volar, no pueden vivir en una jaula" cuando alude a que le habrían insinuado el interés de que "forme parte del equipo". De todos modos, su relación es óptima con la actual administración de estarnos a sus referencias laudatorias para con Viviana Almirón, el mencionado Velazco y Rubén Zárate. Aunque para éste hay un párrafo que ella le dedica.


El por qué de "la ciudad del conocimiento"

"Aquí ahora vi, en ese Comodoro al que nunca quise venir, que encontré una gente supremamente valiosa", comienza Angélika y refiere " como una Viviana Almirón, una Bárbara Schmaltz" y la razón del subtítulo: " un personaje más que le puso el sobrenombre o un título a Comodoro, llamándola la ciudad del conocimiento. Yo no salía de mi estupefacción. Cuando conocí a Rubén Zárate, que hablé con él dos horas, no entendí nada, pero a las dos horas entendí que el conocimiento nos acompaña siempre, estemos donde estemos. Y teniendo Comodoro el título, entonces hay que empezar por Comodoro. No hay vueltas. Exactamente entendí eso".

La NASA como premio

En el concurso que organiza a partir de su libro en las escuelas, para que las docentes "ayuden a que los niños entiendan y comprendan este libro y de acuerdo a esa copmprensión, dibujen o pinten, desde cero a 12 años", refiere, bajo el nombre de "Jugate por vos y ganá", y " Con la idea de que se necesitan motivaciones y el primer premio de ese certamen es un viaje a la NASA", afirma Angélika y acota " Siempre quise eso".

No es común que alguien obtenga la aquiescencia de un organismo como la NASA para ofrecer como premio un viaje y visita a sus instalaciones. Pero Angélika nos saca de nuestro error: "La NASA organiza estas visitas", dice y refiere a que todo comenzó con un llamado telefónico. Primero no entendieron, luego habló con un director que tampoco entendió mucho y por fin, con alguien que hablaba español. " Le expliqué y al final me dijeron que sí y me dieron cuatro entradas". Dos para los niños y otras dos para los adultos acompañantes.

"La entrega del premio será el 31 de octubre. El concurso empieza el 18, que no va a ser porque no van a alcanzar, pero bueno...", infiere y agrega " pensamos que más o menos en enero sería el viaje. Porque en febrero la NASA cierra por no sé qué cosas de sombras... qué se yo...  Así que va a ser en enero.".

Angélika también viajará: " voy a tener que estar porque a lo mejor viaja alguno que no sabe ni pizca de inglés, así que no sabe ni qué hacer, así que alguien que sabe qué hacer tiene que acompañarlo, obviamente".

Geopolítica

El certamen mencionado no es meta ni mucho menos sino una etapa, según la elucubración de nuestra entrevistada, sus planes a futuro y, por sobre todo, la visión geopolítica que nos refiere con absoluta seguridad. Nos dice:

" Mi idea inicial es que ojalá pueda abarcar el país entero con esto. Porque Argentina, entera tiene una misión muy importante que cumplir. Y eso no lo puede tergiversar nadie ni lo puede malversar nadie. Y esa misión es realmente ser el receptorio para todas esas humanidades realmente desconcertadas, de la debacle que va a ocurrir en el mundo y que necesitan un puerto de llegada", afirma.

" Y ese puerto de llegada hace que Argentina tenga ese apodo de tierra prometida --agrega--; Eso es lo que realmente la hace ser y la hace ver así. Ahora que no se puede identificar ahora como algo así sobrenatural, etéreo... para nada. Es algo muy práctico, es una cosa tangible, y es lo que Argentina tiene que comprender y se tiene que poder plasmar. Es decir: de darle toda la infraestructura que se requiere para todos que, naturalmente, llegan en una situación de desconcierto y merecen tener un puerto de llegada.", concluye.

Como en el principio

La autora itinerante repite aquello de que "me había resistido a venir" a la Patagonia, pero aquí está y si volvió a Alemania, lo hizo en 1990: " No lo soporté más. Y ahora como están los alemanes... Tengo que ir, pero desafortunadamente ellos creen que crecieron, que reconstruyeron Alemanía y ya está. No hay más nada que hacer..."

Vos aludiste a "ellos" ¿No te sentís alemana?

No. No reniego de ser alemana, pero no... no... ¡es otro mundo! y con el cual yo no tengo nada que hacer. Yo me siento de este lado. ¡Sueño en español! Pienso en español. Lo que no hago en español es contar, cifras... esas me salen en alemán. (risas)

 

 

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