UN GUARDAFAUNA Y ESCRITOR

Orcas

La contaminación y la sobrepesca son en la actualidad las principales amenazas de conservación de la especie a nivel global.

Por Roberto Bubas 

Las orcas están presentes en todos los mares y son, después de los humanos, los mamíferos más ampliamente distribuidos sobre el planeta. Sin embargo, recién en los últimos treinta años hemos comenzado a aprender algo sobre su naturaleza. Esto se debe a varias razones. En primer lugar, como todos los cetáceos las orcas viven en el mar y pasan la mayor parte del tiempo debajo del agua y, en comparación a la mayoría de los animales terrestres, esto las hace difíciles de observar y estudiar. La segunda razón es que, con excepción de algunos pueblos nativos en cuyas tradiciones la orca es venerada y respetada, durante muchos años el miedo e incluso el odio hacia ellas impidieron el conocimiento de su historia natural. Desde tiempos remotos, la orca figuró en el folclore marino como un voraz predador sediento de sangre, extremadamente peligroso para los humanos. En el primer siglo de nuestra era, el sabio romano Plinio, declaró que “una orca no podía ser descripta apropiadamente excepto como una enorme masa de carne armada con salvajes dientes”. Más recientemente, en 1874, Charles Scammon, capitán de una flota ballenera norteamericana escribió: “En cualquier rincón del mundo en que las encontremos, las vemos siempre en busca de algo para destruir o devorar”. Y para postre de la mala prensa, en 1973 los manuales de buceo de la armada de los Estados Unidos de Norteamérica incluían en sus recomendaciones el siguiente texto: “Las orcas son ballenas extremadamente feroces, que atacarán al ser humano en cualquier oportunidad”.

Las orcas, en realidad, son los representantes de mayor tamaño de la familia de los delfines y se encuentran ubicados en el tope de la cadena alimentaria marina. Tienen 48 dientes cónicos intercalados en ambos maxilares y más de 80 especies de presas conocidas se incluyen en su dieta. Figuran entre los animales más veloces del océano, pudiendo desarrollar velocidades de más de 50 Kilómetros por hora y, con excepción del hombre, no tienen enemigos naturales. Gracias en gran parte a las investigaciones de largo plazo iniciadas en el Pacífico Norte en la década del setenta, a las que se sumaron proyectos similares en otros lugares del mundo, hoy sabemos que la reputación de “ballena asesina” que acompañó injustamente a las orcas durante cientos de años no fue sino el fruto de observaciones malinterpretadas y creencias erróneas, y hemos comenzado a respetarlas y admirarlas en su real dimensión. 
 

Las orcas de la Patagonia Norte

Las orcas de la Patagonia Norte son cazadoras cooperativas, conocidas en el mundo por su particular técnica de varamiento intencional sobre la playa para capturar crías de lobos y elefantes marinos. Generalmente se desplazan en grupos formados por entre 2 y 9 individuos liderados por una hembra adulta.

A pesar de que poseen un avanzado sistema de sonar biológico (la eco-localización), estas orcas son cazadoras silenciosas que localizan auditivamente a sus presas por los sonidos que producen cuando nadan en la rompiente. Generalmente el varamiento dura entre 15 y 30 segundos, y en promedio consiguen capturar en 4 de cada 10 intentos. La variable que más afecta el éxito de esta técnica es la condición del mar en la línea de marea, que varía en las distintas zonas de cacería dependiendo generalmente de la intensidad y dirección del viento, que provoca interferencia acústica.

El varamiento intencional no viene fijado en las orcas como instinto, sino que es un comportamiento adquirido, por lo que el proceso de enseñanza a las crías es fundamental para su supervivencia. Habitualmente la instrucción está a cargo de las madres y abuelas del grupo, comienza a los seis o siete meses de vida y se prolonga hasta los cuatro o cinco años. A partir de ese momento los juveniles comienzan a incursionar por sí solos en aguas poco profundas, interviniendo activamente en la actividad grupal de cacería.

Entre una jornada de alimentación y la siguiente es común ver individuos de diferentes edades realizando varamientos en playas desiertas, en evidente tarea de entrenamiento. Tanto la instrucción a las crías como el entrenamiento generalmente tienen lugar durante días calmos y en playas de pendiente apropiada.

De un total de 29 individuos identificados en el área, en los últimos años solo 8 pueden considerarse “varadores”, y no todos ellos han tenido el mismo grado de dominio de la técnica. El rendimiento de las hembras Maga, Ishtar y Jazmín por ejemplo, ronda el 42 % (42 capturas por cada 100 intentos) mientras que Agustín, un juvenil en pleno proceso de aprendizaje no supera aún el 25%. Mel en cambio, uno de los machos varadores más conocidos, logró alcanzar un rendimiento cercano al 60% durante sus últimas temporadas de cacería en Punta Norte. Esta performance sin precedentes, sin embargo, podría deberse principalmente a la economía de movimientos propia de los ejemplares viejos, que los lleva a  intentar un varamiento sólo cuando están seguros de que podrán capturar.

En enero y febrero de cada año en la lobería de Punta Norte nacen alrededor de 2400 crías de lobo marino y aproximadamente 145 (el 6 %) son comidas por las orcas a lo largo de toda la temporada de caza, que se extiende desde fines de febrero hasta inicios de mayo. Esta tasa predatoria es considerada normal para el equilibrio del ecosistema.

Si bien es posible ver orcas en Península Valdés durante todo el año, los meses en que se avistan con mayor frecuencia (1 día de cada 3) son marzo-abril y octubre-noviembre, coincidiendo con la época en que las crías de lobos y elefantes marinos comienzan, respectivamente, a incursionar en el mar.  
 

Una población en riesgo, una cultura en extinción

La historia natural de la vida en el planeta nos cuenta de especies que prosperan y de otras que fracasan. Las orcas son sin duda de las primeras, y sin embargo en Patagonia Norte son muy pocas. No más de un puñado de individuos atomizados en un ancho lienzo de mar. Un mar cuyas exigencias les ha obligado a desarrollar particularidades únicas. Son una raza de orcas diferente, dueñas de una tradición de caza diferente. El varamiento intencional para obtener alimento y la transmisión intergeneracional de este método a la progenie es, además de uno de los espectáculos más impresionantes de la vida salvaje, un hecho cultural de características extraordinarias.

Cuando comencé a estudiarlas mi preocupación era conocer en detalle cuántos individuos componían la población local, cuántos eran los especializados en este comportamiento y cuáles los encargados de enseñarlo a las generaciones siguientes. Quería saber cuán importante era el conocimiento del método del varamiento para sobrevivir en el área, si la población crecía o decrecía, cuáles eran las amenazas que comprometían su supervivencia y de qué manera podía esto afectar también al hombre.

Inicié el monitoreo de la población de orcas que frecuentan el área en 1992, continuando con trabajos realizados en otras épocas también por guardafaunas. La foto-identificación de individuos a través de las marcas de sus aletas dorsales y monturas me brindó información sobre la mayoría de las orcas residentes en la zona, así como también sobre la dinámica de la población. En los últimos catorce años, se identificaron un total de 29 individuos, de los cuales 9 son machos adultos, 11 hembras adultas, y los restantes juveniles y crías de sexo indeterminado. Pero las evidencias han demostrado que sólo ocho de estos individuos -un macho adulto, cinco hembras adultas y dos juveniles- han adoptado el varamiento intencional como principal técnica de caza, y solamente las cinco hembras -Antú, Maga, Ishtar, Sparky y Jazmín- participan en la enseñanza del método a la progenie.

Además del hecho de que el tamaño de la población es significativamente bajo y podría representar la mayor parte del total de orcas de la Argentina, el varamiento intencional es una técnica de caza muy rara que ha sido observada únicamente en dos poblaciones de orcas en el mundo: la de Islas Crozet, en el Océano Índico, y la de Patagonia Norte, consideradas éstas últimas por muchos especialistas como las expertas mundiales en el varamiento intencional como estrategia de alimentación.

La destreza para realizar exitosamente el varamiento requiere de un largo período de aprendizaje, y la continuidad de esta habilidad única en el planeta está dependiendo actualmente de cinco individuos. Por lo tanto, no sólo desde un punto de vista ecológico sino también cultural, es importante que estas orcas continúen desarrollando sus comportamientos habituales de caza, y solamente los esfuerzos de investigación a largo plazo y el respeto hacia ellas nos va a permitir protegerlas y proteger su hábitat de potenciales impactos. 
 

Lazos de afecto 
 

“Te dicen que para obtener buenos datos científicos tienes que ser fríamente objetivo. Registrar con precisión lo que ves y, sobre todo, evitar todo sentimiento de empatía hacia tus sujetos. Fue una suerte que yo ignorara esas teorías durante mis primeros meses en Gombe. Ya que una parte considerable de mis conocimientos sobre estos seres inteligentes fue posible porque sí sentí empatía hacia ellos”.

Dra. Jane Goodall (Estudia chimpancés en África desde hace 46 años, y es uno de los máximos expertos en el estudio del comportamiento animal.)  
 


Faro Punta Norte Foto J. P. Pereda

Tratando de resolver cuestiones técnicas en los comienzos de mi investigación me acerqué a las orcas en el agua. Para mi sorpresa, las orcas de Valdés me ofrendaron no sólo su proximidad pacífica sino también, con el tiempo, su amistad.

Sobrepuesto de mi asombro, establecimos desde entonces un vínculo que transformó aquella búsqueda inicial en otra que ha ido más allá de los límites de una investigación formal: para mí ya no podía tratarse sólo de obtener datos y analizarlos a la luz fría del pensamiento lógico, sino más bien y ante todo, de buscar un eje de pensamiento que enhebrara mis hallazgos cotidianos en un sentido de mayor trascendencia.

Puedo decir que en todos estos años las orcas de Valdés se convirtieron en mi familia del mar y yo probablemente para ellas en el amigo humano de la costa. Y aunque esta forma de pensar pueda ser considerada ajena a los protocolos estrictos de la ciencia, la he alimentado con la certeza interior de que pudiera resultar en una contribución mayor para el mundo algún día.

En más de una década he llenado varios cuadernos con notas sobre diversos aspectos de sus vidas. Pero más importante que eso, hemos compartido amaneceres, atardeceres y noches de luna jugando con algas o chapoteando en el agua, instantes eternos que guardo en mi memoria. Y quizá justamente gracias a esos momentos es que he encontrado algunas respuestas. Con otras me he tropezado. Juntas me han dado vislumbres del lugar que las orcas y los hombres ocupamos en el formidable meccano de la vida.

Como el hombre, las orcas ocupan un lugar elevado en el esquema general de la vida en el planeta. A diferencia de nosotros hoy, sus comportamientos todavía giran en torno a las mismas necesidades esenciales sobre las que giraba la humanidad en el pasado. Una mejor comprensión de sus historias de vida tal vez nos aproxime a reencontrarnos con la nuestra y, finalmente, creamos acertado comenzar a corregir el rumbo de nuestra existencia. 
 

Un mundo compartido, un destino en común

Aunque la información existente resulta todavía insuficiente para estimar la población total de orcas, es probable que a nivel mundial la especie no se encuentre en peligro. Sin embargo las poblaciones locales pequeñas como la de la patagonia Norte son muy vulnerables, y cualquier alteración en su ambiente podría resultar dramático para ellas.

Entre 1938 y 1980 en el mundo se eliminaron un promedio de 57 orcas por año a causa de la errónea creencia de que eran una plaga que exterminaría los recursos pesqueros. Cada año además, en el hemisferio sur 25 orcas eran cazadas por los buques balleneros para carne y aceite. En 1979, se cazaron en una sola temporada en los mares australes 917 orcas. La matanza cesó en 1982, cuando la Comisión Ballenera Internacional falló en contra de la captura de orcas hasta que no se conociera más sobre el impacto en las poblaciones.

Por suerte, la actitud de la gente hacia las orcas comenzó a mejorar en la década del ´70. Gracias a los proyectos de investigación de largo plazo y a las iniciativas de educación, la gente comenzó a ver que las orcas no eran bestias feroces, sino seres especiales, sociables, inteligentes, curiosos y cooperativos. Con excepción del triste episodio de febrero del ´97 en Japón, donde se capturaron 10 orcas, hoy las capturas de orcas salvajes para acuarios son cada vez más raras.

La contaminación y la sobrepesca son en la actualidad las principales amenazas de conservación de la especie a nivel global. A nivel local, el ecoturismo también podría tener efectos negativos si persiste el acercamiento de visitantes a colonias de lobos y elefantes marinos fuera de las áreas bajo control de guardafaunas.

Las orcas son animales longevos, pero con una tasa reproductiva muy baja: una hembra no pare más de cuatro crías en su vida. Sus cerebros son grandes y evolucionados, y sus estructuras sociales complejas. Si bien hay aspectos de su naturaleza que hoy podemos intentar explicar, existen otros que aún no hemos llegado a comprender y tomará tiempo construir a nuestro entendimiento el rompecabezas de sus fascinantes historias de vida.

Mientras tanto, una cosa sabemos: las orcas y los hombres somos compañeros de viaje en un planeta donde todo está íntimamente relacionado. Y tal vez, después de todo, el vínculo que las orcas y yo establecimos signifique algo más que un ejemplo notable de empatía entre dos especies diferentes. Quizá se trate de un mensaje, un símbolo que nos permita recordar que no estamos solos ni por encima de los otros seres vivos en el mundo. Que compartimos la misma casa, y que no podemos por lo tanto desentendernos de una verdad definitiva: lo que sea que les ocurra a los animales, nos ocurrirá tarde o temprano a nosotros. 

 

 

¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com  

ir a portada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Contador de visitas