FAMILIAS EN CONFLICTO

Ricardo Hayes, un especialista en encontrar soluciones factibles.

Todas las mañanas, durante este año, mientras conducía desde Rada Tilly a Comodoro Rivadavia y sin quitar atención a la ondulante traza del camino "alternativo" -Juan Perón-, sintonizaba fm Del Mar. Y si bien siempre hay dichos y hechos que atrapan el interés de los oyentes, los días jueves, especialmente, me sorprendía la forma tan didáctica, claramente explicativa, de conceptos fáciles de incorporar sin pasar por los XII Tomos de "La Lex", de un abogado que, tan luego, se refería a los complejos problemas que surgen en la convivencia familiar. Relaciones humanas que, y más ahora, de fáciles nada tienen. Basta con leer cualquier diario para asumir la crisis que sacude todos los estamentos sociales. Pero esos jueves a la mañana, pude ver, a través de las palabras del mencionado profesional, la multiplicidad de soluciones que pueden aplicarse a esas relaciones tan complejas que, cuando surge la crisis, destrozan ilusiones y expectativas. Pero, claro, el doctor Ricardo Hayes -que de él se trata-, no sólo es abogado sino y principalmente, "especialista en Derecho de Familia" y así fue, que me interesó conocerlo y, como leerán, mantener una charla al estilo Magazine con él. He aquí, pues, el resultado de más de dos horas de grabación.

El estudio jurídico del abogado Hayes es un espacio nuevo, luminoso, minimalista. Amplios ventanales de horizonte marino, paredes despojadas de abalorios -aunque no faltan cuadros con títulos y los diplomas de cursos de posgrado realizados-, un amplio y cómodo escritorio que es donde nos recibe y que, imaginamos, es testigo de tantas confidencias del dolor, la incertidumbre y la desazón.

Ricardo... la problemática familiar... ¿cómo se vive y cuáles son las expectativas que normalmente tiene la persona que concurre a este Estudio Jurídico?

El factor común es la búsqueda de soluciones prontas. Hay veces que es posible esa celeridad que los clientes pretenden, y otras veces en que no lo es. Esta cuestión requiere del profesional que actúa, un alto grado de especialización. La materia, el área del Derecho de Familia, no se puede comparar con un cheque impago.

¿Cómo es esa especialización, dónde se adquiere.

La especialización propiamente dicha es fruto de una carrera de posgrado. Así, se puede ser abogado especialista en ésta como en otras áreas del Derecho.

Yo siempre he bogado por este tema de la especialización del abogado, porque entiendo que lo que yo denomino "abogado generalista" es una cuestión de otros tiempos. Siempre hago la comparación: se suele hablar del médico de familia, de aquella persona de confianza a la cual vos consultas cuando una dolencia aqueja a alguno de los miembros del hogar, y de quien esperás la primera respuesta, la primera orientación. Es la persona en la que, como digo, habitualmente se confía. A la que acudís en primera instancia para ver qué puede y que podés hacer.

Casi como un miembro de la familia...

Como una extensión de la misma familia, sí. Antes era más común. Por eso resalto la palabra "confianza". Vamos a ver al doctor tal o cual "que ya atendía a tu padre" tal vez, “o a tus hermanos más grandes y nos ha atendido a todos...”

Muchas veces ese médico, que puede ser un clínico o un especialista en otro área, después de esa primera evaluación, de esa primera respuesta, con seguridad, si no es su área específica, va a derivar a aquel médico que resultará más idóneo para la atención que provea, es decir, al especialista.

En la abogacía, en el mundo del Derecho, hay todavía muchos abogados generalistas y, porqué no decirlo, también muchos abogados "de familia". Pero no "de familia" en los términos en los que nosotros estamos conversando, sino "generalista", casi abogado “de la familia”… como aquél médico del que conversábamos.

Con esto no quiero decir que el abogado que no tiene una especialidad no sea idóneo. En modo alguno, por favor que no se interprete una cosa así. Lo que digo es que el abogado especialista cuenta, seguramente, con más elementos, porque se ha concentrado en el estudio y la preparación de un área determinada del Derecho y, por lógica, esto nos lleva a concluir que toda esa preparación no habrá sido en vano, va a darle otros resultados al cliente.

Tal vez, también, porque las relaciones humanas son cada vez más complejas...

Sucede que si hacemos referencia en especial al Derecho de Familia, como ya decía, no se trata de un documento por cobrar, no se trata de una quiebra, no se trata de un problema en el trabajo, laboral; se trata de una cuestión mucho más delicada. Se trata de una problemática que se genera, normalmente, en el ámbito intra-familiar, que ocurre puertas adentro. O digámoslo así: cuyos efectos principales se muestran "puertas adentro" o se viven allí, más allá de que repercutan también en otras áreas.

Entonces, el conocimiento en especial del Derecho de Familia impone al abogado que se dedica en particular y atiende éste área jurídica, ir un poco más allá de lo que podría ser una simple consulta. Los problemas ocurren a cualquier hora, en cualquier momento...

¿Vos los atendés a cualquier hora, en cualquier momento?

Debo hacerlo, lo hago, los atiendo... mi celular tiene que estar abierto. No significa que yo los vaya a atender porque mi Estudio esté abierto, pero mi teléfono debe estar encendido las 24 horas del día y los 7 días de la semana, salvo alguna circunstancia especial.

He tenido llamadas a mi celular a las 4 de la mañana, como ejemplo, tal vez un poco extremo pero real. Es muy normal que las tenga a las 9 de la noche, a las 10... A veces es el momento en que se producen muchos de los problemas.

A partir del atardecer ¿verdad?

A partir del atardecer, sí. No sé si por una cuestión que tenga que ver con otra cosa, pero es el momento en que normalmente regresan los miembros al hogar y se reúne la familia, y en esas reuniones es donde se a veces desatan los problemas.

¿Cuáles son los casos más "comunes" que te tocan?

Como tantas veces lo habláramos en la carrera de posgrado, nuestro mundo en general asiste a una crisis de la institución familiar. Hoy es común hablar, más que de la familia tradicional, de otros tipos de familias. La familia constituida a partir de una unión de hecho, antes llamada "concubinato", que para mí es una palabra muy fea, muy desagradable, y que en la actualidad tiende a desaparecer; ya no se debiera hacer referencia al "concubinato”.

También es una palabra discriminatoria ¿no?

Estimo que porque así fuimos criados, así nos crió nuestra cultura. Y esto tiene que ver mucho con el divorcio vincular que no existió en nuestro país, salvo por unos meses, allá cuando por el año 1954 se sancionó una ley de divorcio vincular, y que tuvo corta vigencia. Fue dejada sin efecto poco después de la revolución que derrocó al general Perón, en el año 1955, la denominada "revolución libertadora", a través de un decreto ley. Había sido instada a través de un proyecto de una senadora peronista en aquellos años.

Si bien existía el divorcio en nuestro país, éste era "no vincular". Esto significa que en un principio las personas podían acceder a este proceso, pero el hecho de que se divorciaran no les concedía nueva aptitud nupcial. Era un divorcio "no vincular". Aparte el artículo 67 de la ley 2393, vigente en aquellos tiempos, contenía siete incisos en los cuales las causales de divorcio eran todas subjetivas. Es decir, todos eran divorcios con causa, frente a la inconducta de uno de los cónyuges era que podía promoverse el divorcio. Más tarde se incluiría, a través de una reforma en el año 1968, el artículo 67 bis de esa misma ley 2393, que permitió lo que hoy conocemos como "mutuo acuerdo". Pero siempre dentro de esta vieja ley de matrimonio civil, 2393, con la cual se podía tener acceso a un divorcio que era no vincular.

El divorcio, tal como lo conocemos hoy, es el que nació con la ley 23.515 del año 1987, que sí es divorcio vincular. Es decir, los cónyuges, después de dictada la sentencia, adquieren nueva aptitud nupcial.

Pero bueno, entramos al tema divorcio porque habíamos hecho alusión al tema del "concubinato". Y claro, con el régimen anterior (no vincular), obligaba al concubinato o a los conocidos "casémonos vía Méjico o vía Uruguay".

Era un clásico en la época...

Claro, porque en ese entonces las personas se divorciaban pero no se podían volver a casar. En texto claro es así. Por ende, se "juntaban". Y el "juntarse" estaba muy mal visto. Porque no se tenía la aptitud nupcial.

Socialmente continuaban "casados"...

Socialmente continuaban casados, podríamos decirlo así. El hecho de que el divorcio no fuera vincular y no pudieran casarse legalmente de nuevo, hacía que las personas tuvieran que encontrar otros remedios. Y el remedio normal era, bueno... "nos juntamos".

Por eso es que cuando se sanciona la nueva ley de matrimonio civil, hace 21 años exactamente, hubo una gran ola de divorcios, los de tantas de estas personas que durante tantos años habían estado postergadas...

Y el afán de regularizar una situación, también...

Exacto. Aunque hubo algunas que no lo hicieron nunca, y continuaron o fallecieron dentro de ese estado de concubinato, lo cual nos da pie para que avancemos sobre otro tema que es el de aquellas personas que están unidas en convivencia. Hoy se hace referencia a "los convivientes". 

Más amable...

Sí, un poco más gentil. No discrimina tanto. Las personas se sentían incómodas al hacer referencia a su concubinato... "Estoy en concubinato" o "Estamos en concubinato" en una información sumaria. Era desagradable. Eso condicionaba, tal como a veces las palabras nos condicionan.

Totalmente, "la fuerza de las palabras"...

Decíamos, retrotrayéndonos hacia el origen de la conversación, que nos encontramos hoy con diversos tipos de familias, la que podríamos llamar tradicional, la familia que nace a partir de una unión de hecho de dos personas, que tienen sus hijos...

Acoto que hoy en día los hijos "extramatrimoniales" tienen los mismos derechos que los "matrimoniales", pero no siempre fue así. Esto fue variando, digamos. La ley 23.264 eliminó totalmente estas diferencias, pero fue variando desde la época de sanción de Código Civil, allá por 1865, donde había varias categorías de "hijo". Los incestuosos, los adulterinos...

Diferencias muy graves...

Sí, muy graves. Eso, hoy, no existe más.

Siempre digo, y se lo digo a mis alumnos en la Facultad, antes era "estamos de novios", y después, "estamos casados". Hoy es "estamos saliendo, y después, estamos en pareja" (risas) Esas son las definiciones actuales...no lo estoy diciendo, en modo alguno, con ánimo peyorativo.

No, para nada. Es actual

Es la realidad. Pero siguiendo con el tema, existen también las familias monoparentales, que son aquellas en las cuales debido al desvínculo matrimonial, derivado en divorcio, uno de los dos padres se queda con los hijos. Los hijos se crían, a veces y la mayor parte del tiempo, con la imagen de una sola figura de los padres, porque el otro progenitor no convive con ellos. Entonces en el ámbito intrafamiliar se comparte con uno solo, es "monoparental".

Pero hay también, otras familias. Con esto de la crisis de la institución familiar, tenemos también familias "ensambladas". Vos habrás escuchado hablar de familias ensambladas que, bueno, a veces son "nosotros con los tuyos", a veces "nosotros con los tuyos y los míos", y a veces son "nosotros con los tuyos, los míos y los nuestros".

Como en la película...

Exactamente. Se produce el ensamble, cada uno con su descendencia y, a veces, se crea una descendencia propia.

Entonces, lo que nos comentás, es como que te hace cumplir una doble función: de abogado y casi de psicólogo... Porque a veces, esa cosa que, como decías, transcurre entre cuatro paredes, esas relaciones no cordiales o anómalas… de pronto poder abrirse y contarlas ante un casi extraño, no debe de ser fácil... ¿Cómo hacés para lograrlo?

Yo no puedo, de ninguna manera, considerarme psicólogo porque no tengo los estudios que me habiliten. Pero, "de entre casa", y en los términos en los que vos lo estás diciendo, es una gran verdad.

Creo que pasa mucho por la famosa "generación de confianza" a la que aludíamos hace unos momentos. Demostrar la autoridad y la idoneidad frente al cliente. Cuando el cliente se da cuenta que en la primera consulta que está teniendo contigo, vos le das respuestas concretas... Cuando se da cuenta que está frente a alguien que es conocedor del tema...

Y que no toma partido...

¡Desde ya!

Porque ese es otro gran temor...

Imagináte que si yo tomara partido en las decenas y decenas de conflictos familiares que atiendo, me volvería loco. Pero hay veces en que resulta muy difícil y sin embargo uno no puede hacerlo. Primero porque éticamente no corresponde, y por otra parte, en éste área del Derecho, se volvería loco quien así lo hiciera.

La imagen, la seguridad, la idoneidad, es percibida por el cliente. Pero no pasa solamente con un abogado, pasa con cualquier profesión. Volvamos al tema del médico, vos te das cuenta cuando el médico tiene "peso", digamos. Cuando te transmite esa sensación de seguridad que deriva de sus conocimientos, y vos, en respuesta, le confiás la vida. Y si no, te vas a buscar otro. Si tenés una duda, te vas a buscar a otro. Con el abogado pasa lo mismo.

Entonces... cuando el cliente percibe, si bien es una cuestión muy particular, uno se da cuenta también. En ese caso, el cliente se suelta inmediatamente. Aparte, convengamos también que el cliente que tiene un conflicto en su familia, un problema familiar, necesita decir lo que le pasa. Necesita que alguien lo escuche, necesita que alguien le diga algo. Porque la pared de la casa no le habla... y las amistades...

Son condicionantes...

Mirá, una vez un dilecto amigo mío, que también es abogado, el Dr. Aldo Chini, una persona excepcional y para mí, desde el punto de vista profesional o por donde lo mires, un ser humano excelente, me dijo lo siguiente y yo no lo olvidé nunca más. Yo tenía unos algunos problemas, porque todos los tenemos (ríe)… y él me dijo así, después de escucharme: "Bueno, mirá, pase lo que pase, terminá haciéndole caso a tu interior en el paso que vayas a dar…. Porque vas a tener mucha gente a tu alrededor que no puede ni solucionar la vida propia y va a intentar solucionar la tuya...”

Sí, esa vocación de solucionarle la vida a otro sin fijarse en la propia...

Claro... que por ahí no pueden solucionar la de ellos mismos pero pretenden solucionar la tuya. Entonces, me decía mi amigo, "vos escuchá los pareceres de aquellas personas que se dicen tus amistades, tus conocidos, tus allegados, lo que quieras, pero terminá resolviendo vos, de acuerdo a lo que tu interior te mande..."

Y me pareció bárbaro.

Sí, totalmente justo. Y volviendo a tus clientes, cuando llegan a vos, teóricamente ya han escuchado esa voz interna...

Bueno... sí. Sí, porque la voz interna le ha dicho: vamos a ver cómo podemos solucionar esto y busquemos a alguien. A veces hay otros profesionales. Hablábamos de los psicólogos. A veces intentan una terapia familiar que no les da resultado. Hay personas que quieren hacer una terapia familiar y una de las partes no está de acuerdo y no lo logran. En fin...

Y ahora también estarás con tu página web... ¿Cómo podrás asesorar desde Internet?

Estará “on line” en breve y funcionará más o menos así. Alguien dirá "tengo este problema por ejemplo…¿Se puede accionar por violencia familiar?¿Se puede iniciar una acción legal con este problema que sufro?" o "quiero divorciarme porque sucede tal cosa ¿es factible?" o “qué documentación necesita para hacerlo...” y se le responderá su duda sin costo.

Me parece bárbaro. Y cómo fue tu formación. ¿Vos naciste en Comodoro?

Nací en Comodoro Rivadavia. Soy "nyc" como se suele decir. Cursé los estudios primarios en el Instituto Martín Rivadavia cuando estaba en la calle Belgrano, colegio del que guardo excelentes recuerdos. Y después seguí mi secundaria en el Comercial del Perito Moreno, que era "Colegio Nacional" por entonces.

¿Sos único hijo?

No, somos dos. Mi hermana Liliana, que también está a punto de recibirse de abogada, y yo.

¿Dónde seguiste la carrera de Derecho?

En la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Me recibí en el año 1998, hace 10 años, no es mucho para tanta historia.

Yo sabía adónde quería ir, entonces me recibí, hice mis primeras armas, siempre tuve mi  Estudio, nunca me incorporé a otro estudio de abogados. Tuvimos un estudio con mi primo segundo, pero yo ya había apuntado al Derecho de Familia, por eso hice mi carrera de especialización en la Universidad Nacional de Rosario. Es una carrera de dos años que después te lleva un buen tiempo más, porque hay que preparar el trabajo final, una vez que te habilitan para prepararlo, tenés un tiempo de elaboración y otro tiempo más para que te lo corrijan, así que terminan siendo cuatro años. Es casi otra carrera de derecho más.

¿Qué te llevó al Derecho de Familia y no otra especialidad?

¿Quién puede decirlo, no?

Vos...

(risas)

No sé. Creo que los seres humanos tenemos sensibilidad por determinadas cosas de la vida.

Y vos así lo sentiste "desde el vamos"...

Sí, sí. Siempre pensé en la idea de la especialización, sosteniendo que el abogado debe ser especialista, me orienté hacia el Derecho de Familia, creo que fue lo que me llamó... Hoy en día no hay otro abogado especialista en Derecho de Familia en Comodoro.

Sos el único...

Bueno, hay varios abogados prestigiosos que se dedican al Derecho de Familia y lo hacen con gran idoneidad, producto de su práctica profesional de muchos años, pero no han hecho la carrera de especialización en Derecho de Familia. Pueden haber hecho cursos en Derecho de Familia, asistido a Congresos sobre el tema, pero no tienen la carrera de posgrado.

Y eso es lo que te llevó a tomar tu propio rumbo, de tener vos el mando de tu propio estudio.

En Julio de este año inauguré este Estudio del que estoy orgulloso…

Y es muy lindo, mucha luz...

Es un diseño diferente también.

La sucesión de llamadas a su celular y que, en varios tramos, interrumpieron nuestra charla, a estas alturas se intensificó. De consuno dimos por terminada la charla porque, además, el llamador de la puerta de su estudio también comenzó a sonar, anunciando la llegada de clientes que, cuando salimos del despacho de Ricardo Hayes, ocupaban la sala de espera casi en su totalidad.

Nos fuimos con la sensación de haber conversado más con un amigo especializado en un área específica que con un abogado, en el estilo arquetípico que la sociedad -nuestra Cultura-, asume y endilga a esos profesionales. Un hombre franco, llano, de excelente buen humor, cuidadoso y preciso y, como decíamos al principio, sumamente didáctico.

 

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