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Una joya frente al mar: el Rayentray de Puerto Madryn En el living principal del hotel, en la amplísima planta baja, totalmente invadida por la luz exterior, con paredes de pórfido y con una escalera caracol amplia que relaciona a todos los pisos y con la vista del espacioso amplio restaurante del Rayentray, mantuvimos una charla con uno de los hacedores de esta maravilla, Walter March, el mayor de los hijos del fundador de esa ya "dinastía". Orgulloso del resultado que demoró años en concretarse, Walter nos lleva, con sus respuestas, a todos los rincones del nuevo y magnífico hotel con el que, desde el 29 de septiembre de 2008, cuenta Puerto Madryn. ¿Cómo empezó este proyecto? Es un emprendimiento familiar que empezamos en el '92 con mi papá, Ernesto. Proyectamos un hotel. Mi papá tiene una polenta total, es el motor de la empresa. Venimos trabajando, con mi padre, hace años, desde que somos chicos. Estuvimos siempre haciendo alguna actividad con él. Cubriendo flancos y así empezamos en diferentes puestos, aprendiendo. ¿Cuántos hermanos son? Cuatro. Tres varones y mi hermana. Yo soy el mayor, Walter; Patricio, Pablo y Paula. Los cuatro estamos en la empresa. Todos tenemos familia e hijos, así que creo, todos siguen. Los más chicos están estudiando en la universidad. Nuestra empresa tiene hotelería en Trelew, Rawson, Esquel y aquí, en Puerto Madryn. Siempre, este hotel, fue un proyecto a largo plazo. Pero se estiró más de lo previsto debido a las crisis económicas en el país. Como la del 2001. Así que decidimos parar la obra y la retomamos en el 2005. Nos llevó 3 años terminarla. El 29 de septiembre se inauguró. Esta joya... ¡Sí! ¡Esta joya! (risas) ¿Cuántas habitaciones tiene? Mirá, tiene... 180 habitaciones con balcón frente al mar. Todas son con balcón frente al mar. Da la sensación de estar en el puente de un barco... Sí, casi como en un puente. Estamos a metros del mar. Justo ahora que estamos en marea alta, estamos muy cerquita. Todas las habitaciones tienen LCD 32 pulgadas, cofre de seguridad, frigo-bar... están equipadas, cada una, para refrigeración o calefacción individual según la temporada; telefonía local, nacional e internacional. Tenemos habitaciones desde 40 metros cuadrados hasta 200 metros cuadrados. Hay tres suites presidenciales... ¿Como las que vimos, no? Sí, como las que viste. Tenemos también suites classic o gobernador de casi 100 metros cuadrados, con su cocina independiente, living, y con todos los servicios que tienen que tener esas habitaciones. Siempre digo que el hotel tiene características de "hotel-boutique". ¿Y qué es un "hotel-boutique"? Es un hotel pequeño, más allá de que éste es grande. Tenemos diferentes tipos de rincones, por ejemplo el "Café Literario", atención más personalizada, diferentes tipos de cafetería... Contamos también con una biblioteca dentro de poco, la estamos montando, con más de 300 títulos, con todos los temas de pueblos originarios y la llegada de los galeses. ¿Las ediciones son bilingües? No todas, algunas sí lo son. La idea es contar la Historia de Chubut y parte de Santa Cruz, de la Patagonia en general. ¿Naciste en Chubut? Sí, en Trelew. Todos nacimos en Trelew. ¿Y tus padres? Mi papá nació en Caballito y mi mamá, en Puerto San Julián, en Santa Cruz. De ahí viene lo patagónico... Sí, claro... ¿Qué pretendés de este hotel? ¿Cuál es tu sueño para este emprendimiento? No sólo tuyo sino de toda tu familia... Seguramente querés ver que tus hijos se proyecten y continúen en este emprendimiento... ¡Por supuesto! Nosotros consideramos que nuestra empresa es joven. Yo tengo 40 años, mi hijo mayor 19 y se está yendo a estudiar licenciatura en Turismo y Hotelería. Mis hermanos tienen 39, 38, 36, mi papá tiene 64 años; por ende, nos vemos todos trabajando. Somos la tercer generación y queremos que la cuarta esté trabajando con nosotros en diferentes áreas de nuestra empresa. Nuestro sueño es que la sociedad madrynense y trelewense, que es la ciudad que está más cerca, proyecte todas sus actividades acá. Desde lo cultural hasta cualquier tipo de evento: cumpleaños, aniversarios, casamientos, exposiciones de cuadros y fotografías también. ¿A qué público apuntás? El hotel recibe todo tipo de público, aunque apuntamos al mercado internacional internacional. Apuntamos también al mercado de Congresos y Convenciones; estamos muy direccionados hacia allí. El hotel cuenta con salones para 1.600 personas, que se subdividen. Podemos hacer reuniones para 25 personas hasta 1.600, con todo el equipamiento necesario: proyectores, cañones, pantallas, sonido. Los salones también están preparados para efectuar traducciones simultáneas. Como debe ser en un hotel como éste... Sí, claro. Contamos con un restaurante -La Aguada- para 400 personas. La cocina es muy amplia, con diferentes niveles. Uno de los niveles son siete cámaras, de verduras, de congelados; hornos de todo tipo: para panadería, pastelería... Es casi una ciudad... (risas) Sí, tenés razón... es una pequeña ciudad. Siempre decimos eso mismo. ¿Qué sentís vos, cuando después de todos estos años de ver la obra parada, estar ahora, acá, sentado? ¿Vos vivís acá en el hotel? No, por suerte no. Vivo en mi casa, con mi familia. El hotel requiere de una atención de 24 horas, como una ciudad. Pero lo que sí siento es una felicidad muy grande. Principalmente porque es el sueño de mi viejo. Iniciarlo y terminarlo. Fue lograr el sueño de mi viejo; después pasó a ser de toda la familia. Un esfuerzo muy grande fue el que insumió, gracias al apoyo de nuestras esposas, hijos... Así que siento un orgullo y felicidad muy grandes. La decoración es fabulosa ¿Cómo la lograron? Fue bastante particular (se sonríe). Desde sus inicios, más allá de que uno tenía su dirección de obra, toda la familia estaba muy involucrada en el proyecto. Cuando llegó el momento de la decoración, empezaron a participar las mujeres de la familia. Hay que destacar que la esposa de mi hermano Pablo, Andrea, fue quien más se dedicó -junto con otras personas que colaboraron con ella-, y así llegaron a lo que ves... ¡Quedó espectacular! Desde el vamos ¿Tenían en claro qué es lo que querían? Siempre quisimos algo tirando a lo minimalista, nada antiguo, y hacia allí nos orientamos. Pero se fueron combinando otras cosas. En ellas estuvo Andrea. Y los colores predominantes ¿Tienen que ver con lo que hay afuera? Los colores tienen que ver mucho con lo que hay afuera, en Patagonia: tierra, piedra. Por donde vos mirás hay piedras. En las paredes tenemos pórfidos; los colores acero, marrón -de la tierra-... Continuás el exterior en el interior, siguiendo los movimientos ondulantes del mar en las paredes, casi como las olas Sí, es así. El logotipo del hotel tiene que ver con el movimiento del mar. Si te fijaste, en los pasillos que llevan a las habitaciones, tienen alfombras con diseños exclusivos de Brigton, con caracoles, estrellas de mar; los del Salón de Convenciones también son exclusivos. ¿Y el casino? ¡Es genial! El hotel cuenta con el Casino y es un estilo marroquí. Es como entrar a Marruecos Exactamente. Los chicos que trabajan también están vestidos típicamente. Quedó todo muy bueno. Una ciudad de cemento, hormigón, piedra y vidrio, con todas las comodidades y confort que cualquier turista, de los más exigentes y ABC1 puede pedir de un alojamiento de tal nivel, es hoy una espectacular realidad para Puerto Madryn. El Casino nos fascinó, con un estilo auténticamente marroquí, donde hay "Punto y Banca" y, principalmente, juegos electrónicos de azar. La seguridad de los pasajeros y del personal -99% de Puerto Madryn- está garantizada por General Electric y sus sistemas de detección de gas, fuego, humo y otras alarmas -mediante sensores- para puertas y calderas, todo esto convergiendo a una central. Asimismo, las puertas de las habitaciones se abren mediante tarjeta magnética. Con un plantel inicial de 80 personas, mayoritariamente de Puerto Madryn, y con la capacidad hotelera que exhibe, el Rayentray habrá de ser, en breve y cuando comience la época de cruceros, un punto ineludible de visita.
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