RAMÓN LANDAJO Y ORALDO BRITOS

Testigos de la Historia Argentina contemporánea

Los pasados 7 y 8 de octubre estuvieron en Comodoro Rivadavia, quien fuera secretario privado de Juan Domingo Perón desde 1942 hasta la muerte del fundador del Movimiento Nacional, Ramón Landajo, y otro de los activos partícipes de esa historia que ambos, a su modo relataron: Oraldo Britos. La primera cita fue convocada por el doctor Miguel Donnet en su calidad de Presidente del Consejo de Localidad del Partido Justicialista, en el local de éste, sobre calle Sarmiento. El día 8, en cambio, se trató de una "Jornada" que se desarrolló en el primer  piso del Club Huergo de esta ciudad, desde las 15 horas. Aquí fue, entonces, donde cada uno de ellos, relatores de lujo de una historia no conocida por la mayoría, aportó sus respectivas vivencias para, así, dar un cuerpo ideal a la figura que recordaban, la de Juan Perón obviamente.

Pero allí, en esas rememoraciones, surgió, por parte de Ramón Landajo, ese otro Perón, el cotidiano, con sus dichos campechanos y los "consejos" que daba en forma de alegorías, casi parábolas. Y también surgieron, de ese relato, las historias paralelas, simultáneas a las del fundador del Movimiento Nacional, como la de Eva Duarte, el frustrado cumpleaños del General cuando, en 1945, pesaba sobre él una orden de arresto; la casi espontánea organización popular del 17 de octubre, a pesar de haberse decretado un paro general -por parte de las organizaciones de los trabajadores- para el día siguiente, 18 de octubre. Y cómo era realmente en la intimidad, el general que dio vuelta una página en la Historia Argentina.

"No haga saber que estamos en la miseria... Que nos crean millonarios, así tendremos crédito", le dijo alguna vez, en el exilio panameño, Perón a Landajo. "Es que estábamos realmente en la miseria -comentó luego éste último- y resulta que venían de la Argentina algunos gremialistas a pedirle dinero a Perón..."

Ese Perón marcado por las vivencias de una niñez en su Lobos natal, donde un peón, como tantos otros, el chueco Magallanes, enseñándole a montar, le permitió ver el entorno de esa gente de campo. Tal vez fue el "clic" que rumbeó el devenir histórico y que luego lo orientaron hacia lo social. De hecho, como bien recordó Landajo, el primer hecho concreto y contundente de Perón en la Presidencia de la Nación -que ganó por más del 65 % de los votos contra la Unión Democrática liderada por Spruille Braden, el Embajador de EEUU-, fue "El Estatuto del Peón de Campo".

Magazine tuvo la imperdible oportunidad de hablar a solas con cada uno de ellos, Britos y Landajo, y acompañarlos en algunas de sus actividades, empezando por la gran ronda de café que se ofreció en el hotel Austral de Comodoro Rivadavia.

También estuvimos cuando los invitados de honor concurrieron al despacho del intendente, Martín Buzzi, donde intercambiaron presentes, justamente bajo un retrato de una Evita sonriente, tal como ambos, Britos y Landajo, destacaron como "hallazgo".

Britos, ya en las "jornadas", recordó, él también, su niñez en San Luis y la carencia casi absoluta de todo. No había agua corriente e iban a la acequia a buscar el vital elemento; el techo de su casa era de cañas; recordó aquella paradigmática "libreta negra" del carnicero... "Cuando le debíamos, me atendía mal... porque iba yo a hacer los mandados como se decía por entonces... Pero cuando mi padre se puso al día, entonces el trato cambió y me preguntaba si no necesitaba algo más... Qué..." (el murmuro no se entendió pero se pudo imaginar...)

Pero allí, desde aquel entonces en adelante, Britos señaló que, a partir de la llegada de Perón a la Presidencia, comenzaron a mejorarse las condiciones laborales, hubo sueldos proporcionales, aguinaldos.. "porque a los negros también nos gusta salir, trajearnos, bailar y tomar algunas copas por ahí", dijo riéndose.

Pero la anécdota que nos dejó, también a todos mudos, fue cuando Britos rememoró los 700 kilómetros que recorrieron en bicicleta, desde San Luis a Buenos Aires, para verla a Evita. Ella los recibió a las 3 de la mañana y ellos, Britos y su amigo, estaban tan emocionados que no pudieron decirle nada, a pesar de que Evita les preguntaba y les hablaba incitándolos a responderle.

Después, la carrera de Britos fue netamente gremial y sindical y, así mismo destacó que "con Perón, los trabajadores llegaban al Congreso". Y recordó, riéndose, que cuando fue al Congreso para recibir su diploma de Senador de la Nación, estaban refaccionando un sector. Entonces, él se dirigió hacia una de esas puertas y el hombre de seguridad, viéndolo de campera y zapatillas, le indicó que siguiera hacia la obra. Así lo hizo, hasta que ingresó por otra puerta al Palacio. Allí, otro hombre de seguridad lo atajó: "Epa, amigo ¿A dónde va", le dijo el hombre, y Britos le respondió: "Bueno, mire... vengo a recibir mi diploma de Senador...". Ahí, como en la anécdota del carnicero y la libreta negra, el trato cambió.

Y muchas más que sería imposible resumir en tan corto espacio fueron las anécdotas que nos regaló Oraldo Britos.

Por su parte, Ramón Landajo tuvo otro estilo en su relato, tal vez más mesurado hasta que, al final de la Jornada y como cierre de la misma, luego de pedirle a los presentes que se tomaran de la mano para meditar sobre el futuro de nuestro país y tomar compromiso por hacer algo en serio (previamente había pedido a todas las mujeres presentes que se sentaran en la primera fila), explotó con un fervor único al cantar, junto a todos los presentes, la ya famosa "Marchita".

El recuerdo que con más precisión detalló fue el de aquellos turbulentos meses de 1945, cuando el coronel Perón era Secretario de Trabajo y la Unión Industrial había realizado una manifestación pidiendo que lo sacaran, así como presionando al General Farrel para que actuase en tal sentido.

El primer "golpe" que Perón recibió, nos contó Landajo, fue el de su amigo, el coronel Ávalos, que se llegó hasta el departamento de la calle Paraná para decirle que o bien renunciaba a "esa mujer" -por Evita- o renunciaba al cargo y pedía la baja. Perón estaba decidido a dejar todo "No me van a separar de la mujer que amo", recordó Landajó que el entonces coronel dijo. Y también, lo que Evita le decía en ese mismo instante, que siguiera, que ella se iría...

Al fin, continuó Landajo, le llega la noticia de que habían ordenado detenerlo. Justamente el día de su cumpleaños -sus 50 años-, cuando en el departamento habían organizado un pequeño festejo por esa razón. Perón llegó con dos de sus amigos militares y enseguida comenzaron a sugerirle que se fuera antes de que lo detuvieran. "El mejor lugar es el Tigre, el Delta" sugirió Zubiza. Finalmente partieron hacia las islas. Pero, poco después regresó e inició esa corta estancia en el penal de Martín García, como relata la Historia.

"Sin embargo, Perón le escribía encendidas cartas de amor a Eva" y mientras el coronel escribía, en tierra firme se organizaba, de a poco, como una hilera de hormigas, el día que cambiaría realmente la historia de nuestro país: el 17 de octubre de 1945.

Ya más cercano en el tiempo, Landajo hizo algunas referencias tangenciales -y no tanto- a la actual "conducción" del Justicialismo, destacando, cada vez que fue apropiado, el hecho de que "El Movimiento es más importante que el partido... éste, el partido, es sólo un instrumento, una herramienta electoral...", así como que también hizo un jocoso juego de palabras con las letras "K".

Pero en todo momento abogó por ensalzar la participación de la juventud en todo el proceso político. El de entonces y el actual, donde llegó a proponer que si "dentro del partido no los dejan... entiendan que ustedes forman parte del Movimiento y entonces, háganlo desde otro lugar, no importan los sellos que algunas figuritas utilizan para llegar... el caso de ustedes será el del Movimiento Nacional y no como el de muchos, que utilizaron los símbolos del PJ para hacerse de cargos electivos", agregó.

Sinceramente, a pesar de que Magazine no suele ingresar en terrenos políticos partidarios, era impensable, para nuestra Redacción, no estar presentes ante la llegada y estancia de dos figuras paradigmáticas de una época reciente de nuestra historia. Además, tuvimos la oportunidad de conocer, así, a dos seres cálidos y formidablemente lúcidos... a pesar de la edad que cada cual porta sobre.

Muchas gracias Oraldo Britos y Ramón Landajo por la siempre buena predisposición que tuvieron y no sólo con nuestro medio sino con toda la prensa que se hizo presente en cada lugar donde ellos estuvieron.

 

 

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