"NACIONES UNIDAS" - MAR DEL PLATA

"Una escuela de familia para todas las familias"

Silvia Buratti es una mujer joven, activa y solidaria que trabaja como docente desde 1977 "tres meses antes de cumplir los 18", como nos dice durante la charla que mantuvimos en su escuela, a la que define con la frase del título.

"Hice mi primaria en el glorioso Instituto Felix Fernando Bernasconi, una joya de la escuela pública y el secundario en la Escuela de Comercio Nº 21", recuerda. Luego, el título de abogada -"Mi título de abogada no me abrió ninguna puerta. Solo la voluntad, la fuerza moral, la tozudez las abren. La ignorancia, la indiferencia, el miedo te las cierran"-, capacitación docente para profesionales "luego de ejercer 20 años de docencia, mi verdadera vocación", y al día de hoy, a la espera de la solidaridad institucional para encarar proyectos de integración real y efectiva, como lo viene haciendo desde que abrió las puertas de "Naciones Unidas", su colegio.

Como surge de la charla con Silvia, no se quedó ni quieta ni inactiva respecto de lo que nos cuenta sobre los problemas con la matrícula. De modo que aquí podrán leer las notas que envió a diversos funcionarios que están en el área específica y que, como también se lee en la nota, no respondieron todavía... ver

"Proyectos siempre tenemos ahí, esperando...", nos dice mientras recorremos el patio cubierto camino a la escalera que nos lleva a las aulas del piso alto. "Cada vez hay más inscriptos para los nuevos ciclos lectivos y, lamentablemente, no podemos aceptar a todos por una cuestión de espacio", agrega.

Conocemos, de años, la escuela "Naciones Unidas" y podemos dar más que fe de que en ella, la integración no es un discurso ni fachada sino una realidad efectiva y beneficiosa para los alumnos que a ella concurren.

"Encaré la escuela, como si fuera mi familia", dice Silvia al tiempo que nos muestra las fotografías de los grupos de egresados de todos los años. "Me creo la madre de todos -agrega-, inclusive de los mayores. Soy tan afortunada que incluí a mi verdadera familia, mis dos hijos, en el mismo proyecto"

¿Cómo es esto?

No solo trabajan conmigo sino que sienten conmigo la misma pasión. Y se mezcló tanto todo, que mi hija está de novia con el director de la secundaria. La directora del primario tiene a su hija trabajando en la escuela, y a su nieta anotada en 1er grado"

Realmente familiar...

Sí. Tengo familias de hasta 5 hijos que concurren todos a mi escuela, por lo tanto los apellidos se repiten. Hace muchos años, un fotógrafo me pidió una frase que definiera a la escuela y le dije, sin pensar: Una escuela de familia para todas las familias. Y la verdad, es así.

Hace años que voy a comuniones y fiestas de 15 de mis alumnos, como si fuera de la familia. Espero que me inviten a los casamientos también; todavía no sucedió, pero sí tengo hijos de ex-alumnos y es un orgullo, ¿no?

La verdad es que sí, totalmente. Ahora, contame Silvia ¿Cuándo nació en vos esta vocación, no ya docente sino también de buscar, de propender a la integración de personas con diferentes capacidades con chicos que, en apariencia, nada tienen?

Cuando empecé, allá en 1977, de integración ni se hablaba. No existía como concepto válido y operativo. Recién en 1994 tuve mi primera experiencia.

¿Cómo fue?

Silvia y sus dos hijos

Vinieron al jardín los padres de un chiquito de 3 años que tenía parálisis cerebral, afectándole su parte motora. Se llamaba Nicolás y le decíamos "Nico". Con Nico y por Nico aprendí a ver otra realidad, a cambiar mi óptica y transformar mi carrera.

Ese fue el inicio, el principio... ¿Cómo seguiste?

Empezamos con discapacidades motoras, que pueden ser resueltas solo con voluntad e imaginación, tratando de solucionar vallas edilicias, turnándonos para asistir, hablando mucho con los padres y terapeutas para llegar a acuerdos, etcétera...

Luego se fueron incorporando otros casos, donde había compromiso intelectual. Se complicó bastante, pero pronto aprendimos a cambiar estrategias, a adaptar contenidos, a tener otro tiempo de respuesta, a acompañar de otra manera.

¿Tuvieron ayuda del Estado, del Municipio... de alguien?

Nos ayudaron mucho las escuelas especiales, con sus maestras integradoras, los terapeutas particulares de cada alumno, y los padres que siempre están investigando y aprendiendo nuevas estrategias.

Pero por sobretodo tuvimos el apoyo incondicional del resto del alumnado, quienes se convirtieron en pequeños asistentes y, a veces, en maestros en miniatura.

La integración beneficia a  todos: aprende el niño común, el que presenta alguna dificultad, el docente, y los padres de unos y de otros.

Decías, al principio, que tenés problemas con las inscripciones... es decir, más demanda para un espacio que no es "elástico"...

Lamentablemente somos pocas las escuelas abiertas a la diversidad, y eso provoca nuestra gran dificultad : no tenemos cupo para tantos casos. En cada curso tenemos vacantes para 2 niños con integración, y los postulantes son muchos, ya que no es fácil encontrar valientes para el gran desafío.

Para una mujer como vos, con ese empuje y la inventiva a flor de piel, seguramente hay opciones para sortear este escollo...

Hay muchos caminos pero pocos son los que pueden transitarse en este caso. Desde ya que el aporte que podría hacer el Estado Municipal -como lo hace a otras escuelas que no son del perfil integrador- vendría a resolver una gran parte de este problema. Pero... parece que todavía no se enteraron, o las notas no les llegaron o... quién sabe ¿no?

 

 

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