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Rodolfo Fosatti: Bajo lírico y tanguero por vocación No es ni la primera ni la última de las visitas que realiza a nuestra ciudad Rodolfo Fosatti, un hombre cuyo timbre de voz es el de un bajo y que, como tal, integró el plantel estable del Teatro Colón. Pero su vida es el canto desde que estaba en el vientre de su madre, como nos dice en la charla que mantuvimos días atrás. De una familia que tiene su arraigo en la Lombardía y cuyos primeros antecedentes datan del siglo XIII, estuvo, Rodolfo, rodeado de canto. En la charla lo rodeamos de café...
Me considero afortunado. Me han pasado cosas feas en la vida, pero me han pasado muchas lindas. Y cuando a uno le pasan cosas lindas, olvida lo feo. Dónde nació En San Isidro. Mi familia es toda de ahí, es fundadora de allí. Y tengo parientes en Bahía Blanca. ¿Y en San Isidro? No me queda nada, salvo una hija, Sandra, que también es música.
De cantantes sí. Porque hay que hacer una diferencia entre cantantes y músicos. Por parte de mi madre hay muchos cantantes. Mi madre era de un lugar de la Lombardía, de un lugar muy pobretón donde el cultivo más importante es el arroz. Hace un mes estuve por allí... Y la llamamos "la pequeña París", porque el único divertimento es visitar el cementerio... La familia de mi madre está ahí desde el siglo XIII. Y allí mientras trabajaban en el arroz, cantaban óperas completas, con coros, solistas, todo... Así que de ahí vengo. Allá me dicen que soy de paladar negro, de raza.... Tengo 68 años de vida, pero en realidad tengo 69 de cantante, porque como mi madre cantaba... ya cantaba antes de nacer. siempre canté de alguna manera, aunque me dediqué a cosas diversas. ¿Su papá? No, papá no. cantaba pero no tanto como la familia de mi madre. Pero acá, entre nosotros, es medio raro. Pertenecemos a un pueblo que no canta. Tenemos vergüenza de cantar. Así es como cuando cantamos el Himno, que es una canción hermosa... Yo siempre digo que es una canción de alegría, de fuerza... Pero la cantan siempre en el mismo tono. ¿Y su mamá? Tenía una voz que atravesaba las paredes. Mi madre era italiana nativa. Por parte de papá soy la cuarta generación de argentinos. Los argentinos somos italianos... cuando nosotros vamos a Austria, nuestro español suena a italiano. Ellos nos escuchan y suponen que hablamos en italiano, aunque lo hacemos en nuestro español, es más suave. En una época teníamos más italianos que argentinos, más extranjeros que argentinos. Y les debemos muchas cosas, por ejemplo el tango, esa mixtura. ¿Le gusta el tango?
Había una chica que me entrenaba en escena. Para mí era fatídico, obligarme a bailar en público... ¿Como llega al colón? Siempre canté, estudié música de chico... ¿A qué colegio? A don bosco y al del estado. fui a conservatorio, estudié un tiempo... Pero lo mío era cantar más que tocar instrumentos. Así estuve 6 años en el Coro Nacional. Después, di concurso en el Colón. Yo construía barcos, barcos de madera, en San Isidro. Cuando los barcos se empezaron a hacer de plástico, dejé. Y así fue que di el concurso en el Teatro Colón y entré. cuando me presenté me decían algunos: pibe, vos de dónde saliste... En 1973 tenía 30 años. Y cuando entré era el más chico. Desde entonces vivi la hermosa fantasía de estar en el escenario... a uno lo maquillan, lo visten,y es como esa eterna fantasía de los chicos, de disfrazarse... Pero pasan cosas muy crueles entre los artistas, pero también pasan cosas excelsas. Allí en el Colón suceden cosas inolvidables, directores, cantantes... se produce algo especial, estar parado allí y vivirlo es algo que no se puede explicar. Todo eso suaviza los momentos feos...
Estar en Viena es algo mágico, es una ciudad de música. Tres teatros de ópera, uno de operetas. Funcionan todo el año. La cartelera es tan extensa que no sabés qué ir a ver. Lo más lindo son los reductos donde la gente de reúne a comentar el espectáculo, la cosa de cocina que es muy linda. Haber vivido eso fue genial, ese espíritu que hay dentro de las casas. No es lo físico sino lo espiritual que es lo que se disfruta. Hay un mosaico muy curioso de nacionalidades, de idiosincrasia, de música... Después, todos los personajes que hay en un teatro se repiten en otros. Está el que llega tarde, el que se pasa de bando, el que nunca ataca... Una boca de escenario de 40 metros de ancho, hay cosas que pasan que son muy graciosas y también muy sangrientas. Creo que por nervios... Hacen bromas raras. Una vez en una Traviata, en el momento del brindis, levanta la copa y se encuentra con una dentadura postiza... que no sabemos si era de utilería... Y el pobre no sabía qué hacer con la copa, dónde guardarla. Continuamente se suceden. Un día perseguían a uno, agachados, y no era algo que tuviera que ver con la ópera. Le habían metido hielo seco en la bota y echado agua... Y éste estaba cantando en público y le salía humo de las botas. Las imitaciones. Todos los cantantes son imitadores, y algunos son verdaderamente geniales. Había uno que era impresionante. Los escuchaba un minuto y los imitaba. Antes para que bajaran las cosas, se hacía a voces. "Bajame la número siete, o la numero ocho". entonces, este que imitaba tan bien, daba órdenes en pleno espectáculo. Por ejemplo, en una determinada escena, debía de haber un paisaje campestre y bajaba un mar con veleros... Otra había una ópera en la que estaban los soldados con lanzas y todo, esperando que les dieran las órdenes... La soprano en escena... y de pronto el imitador les dice "va va va" y los pobres salen al escenario y no sabían qué hacer... y la soprano, asombrada. De Viena ¿a dónde fue? Me tuve que volver. Se acabó el recreo y hubo que volverse. Allá era muy lindo porque todos los días había un espectáculo musical. Y hacer las colas para las entradas, que es muy interesante, porque hay personas que hace 40 años que van a ese teatro, entonces conocen las puestas en escena, los cantantes...Esta gente que se encuentra haciendo la fila para las entradas, tienen una experiencia enorme y lo comentan con gran humildad. Pero saben mucho, muchísimo. Hay un submundo de esta gente en Viena en el arte En todos los vernissage, van estos "crotos", que es gente que va allí porque saben que van a beber y comer, pero saben muchísimo. Y son muy respetados porque la opinión de esa gente es recabada por los críticos. O sea, de estos "linyeras" que van a comer y beber allí, que saben muchísimo. Por eso es que el espíritu de la gente es lo que vale en Viena. Esa gente sabe muchísimo de pintura, van a todas las exposiciones. Allá por cualquier cosa, es un evento. Ningún vernissage se hace sin música. Se usa muchísimio. Entonces esa gente es culta, es pobre, no tiene dinero, pero saben de otras cosas, de música, de pintura. Son muy respetados. Son personajes interesantes. Como sigue su vida. Así nos cuenta. algunas cosas se van desdibujando con el tiempo. Yo había empezado a tomar nota de algunas cosas... lástima que no lo hice. Además, las cosas se renuevan. El mundo naturalmente va a seguir sin mí. Pero conservar las historias... ah sí, sería lindo conservarlas. De ese mundo desconocido, mágico, que de pronto se levanta el telón... esa magia.. Esa es la palabra exacta.
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