Algunos
lamentan que el humo insecticida no fue efectivo para una
araña de ficción que se presentó en la Feria del libro. El
ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva,
Lino Barañao, pretendió una relación entre la ciencia y la
ficción, buscando un cómodo lugar común en las ideas. El
escenario de debate tenía pretensiones de todo tipo con
excepción de las morales, que generalmente rodean a la
ficción y donde la ciencia es debidamente cuestionada al
pasar ciertos límites. La charla del Ministro Barañao, tuvo
el título “El Hombre Araña es Transgénico”y como era
de esperar todo se convirtió en una desafortunada
combinación de ingredientes, de muy dudosa calidad y casi
nula seguridad, donde la impericia o la negligencia son la
antesala del lobby. Y allí es donde Barañao es socio de
Clarín y de Héctor Huergo, en el cual como marionetas de
lujo juegan para la mesa de enlace y los sectores
concentrados del campo y de la industria de la devastación.
Huergo un personaje mínimo, la emprendió nuevamente con el
Manual de Educación Ambiental que exasperó al sector. El
escriba dedicó su artículo con un título sugestivo "El
mundo al rojo, Aquí, el manual". En una pereza mental,
pretende la idea que el mundo nos espera y que nosotros nos
distraemos. Sin embargo podría ser los chanchos chinos
tienen hambre o cualquier otra combinación. Como el hombre
araña de Barañao, Huergo habla de dramático paso el de
cuestionar la transgenia. Pero carga tinta cuando
menciona que el gobierno toma de rehenes a los alumnos.
Este señor no sabe lo que es un rehén y mucho menos lo que
es un menor tomado de rehén. Parece equiparar un concepto
educativo con lo más miserable, tal vez por ser esa su
propia condición como la de sus socios.
“El manual de Educación Ambiental lanzado por el
Ministerio de Educación y la Secretaría de Medio Ambiente
disparó toda la artillería disponible para pegarle al
“modelo” que volvió a poner al país en el mapa agrícola
mundial. No podemos dejarlo pasar, porque Clarín Rural no ha
sido un observador pasivo de esta enorme transformación. Más
bien, sentimos que hemos aportado, semana a semana,
información, experiencias, novedades, que estimularon este
proceso que el mundo sigue con extraordinaria atención”
dice Huergo.
Ahora lo que no dice es lo interesante. Cuando de
modelo se trata, la bandera pirata con sus socios locales
impusieron un fenomenal proceso de expoliación para el mapa
agrícola mundial con resultados cortoplacistas e
impredecibles al futuro. Y claro que Clarín no lo deja pasar
si después de todo es socio de ese modelo. También agrega
que el manual ataca a la biotecnología, y en especial al
fruto que se ha convertido en bandera de la Segunda
Revolución de las Pampas: la soja resistente al glifosato. Lo
que no aclara es la bandera de quién. Un pueblo del
norte santafesino llama bandera a “un trapo”
impuesto por ideología de primates, y en el caso del
pseudocampo debe ser algún silo bolsa desflecado, de
esos para los que Agrolimpio todavía no tiene un destino
final.
Para no dejar afuera a otro agredido, llama “manual de
zonceras” en expresa alusión al libro de Jefe de Gabinete
Aníbal Fernández, molesto tal vez por el éxito de ventas y
cuya impresión no fue realizada por una empresa de Clarín.
La gran quimera de su siembra directa , como su “soja sobre
soja”, es reconociendo al sorgo alepo y las cientos de
plagas poco amigables a su invencible Round up, que ya es
historia antigua para los nuevos eventos clase II que nada
tienen de ecológicos, que piensan presentar de aquí al
2013, ya que los clase IV fracasaron.
Tal vez alguna EFA distraída debe estar sirviendo de
conejillo de indias con la venia de los genios
locales mercenarios de la Institución Técnica más conocida , siempre
al servicio de las multinacionales, probando esos venenos
antes de lanzarlos al mercado con los alumnos de esas
Escuelas rurales, que casualmente a veces si se convierten
en rehenes.
Los términos peyorativos son el espejo de su falacia
milagrosa de fertilizantes y venenos erosionando la cabeza
de los chacareros fundamentalistas además de sus tierras,
por una práctica en decadencia que sigue demostrando el
fracaso de la tecnocracia que lo solventa.
El escrito no sabe distinguir entre soberanía alimentaria y
biopiratería , tratando de ”vieja Europa” al primer mundo
que detesta los OGM del que se protege y que tanto molesta a
las “arañas transgénicas” de Expoagro.
Pero Huergo no dice ni una palabra de la destrucción del Iberá
convertido en arrozal, en manos del monopolio que paga
su sueldo. O los desmontes y contaminación de napas
seguidos de la siembra directa que tanto defiende y que en
realidad es la “muerte directa” del suelo.
Tres niños entrerrianos nunca podrán ir a la escuela ni
leer las aventuras de Stan Lee. Ellos son: Alexis Javier
Portillo, de un año y medio,fallecido el 29 de mayo de 2000,
Rocío Micaela Portillo de 8 años,fallecida el el 11 de
septiembre de 2006, y Cristian Portillo , de 8 años,
fallecido el 17 de enero de 2007 en el Hospital de
Concordia. Los niños eran primos entre sí y todos tuvieron
los mismos síntomas .Una familia destrozada que afirmó “Los
días antes de morir los nenes se fumigaron los campos . Las
muertes tienen que ver con la fumigación”.
Los villanos de Spiderman el Lagarto y el Buitre, sentado
en su ministerio este último y en la redacción el primero,
allí donde el futuro es una estadística en el mapa mundial ,
dirán que las muertes son solo “daños colaterales”.
Mientras tanto, el mundo nos sigue mirando como se hipoteca
a generaciones por un lote de soja que Huergo no come, ni
tampoco es fumigado junto a sus hijos. Su mortífera
tecnología tiene la salud “al rojo ” como dice su artículo y
al mundo testigo del agrocidio sistematizado. Un delito por
el que todos serán juzgados tarde o temprano.-
Fuente: Asociación Argentina de Periodistas Ambientales (AAPA)-Medio&medio