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PETER SEIBT Un alemán que transmite historia patagónica
Nació en Dresden, capital del estado federado de Sajonia, Alemania, un año antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Libriano evidente, equilibrado en sus juicios de valor y con una memoria prodigiosa que nos lleva a otros paisajes y tiempos, desde su niñez, la cuasi cinematográfica salida de la Alemania Oriental, su llegada a la Argentina y la adopción de Puerto Madryn como su pied a terre. Todo nos lo relata con la precisión y justeza de datos y hechos, hasta que, al fin, llegamos a su profesión desde el 92: Guía de Turismo. Podríamos decir, con un poco de exageración de nuestra parte, que esta nota es toda una biografía de un vecino madrynense que puede tanto hacer muebles "a medida" como llevar contingentes turísticos a recorrer "el campo". No fue necesario, agregamos, modificar estilo porque su relato fue fluido, impecable. He aquí la charla que mantuvimos en esa casa, su hogar, que él mismo construyó. ¿Dónde nació? En la capital del estado de Sajonia, en Dresden. En el Este de Alemania, durante el tiempo de la división de Alemania. Pertenecía a la República Democrática Alemana. Es una ciudad que acá es poco conocida... Hay tantas ciudades en Alemania que uno se marea con el mapa del país alemán. Pero es muy conocida por su arquitectura y por el tránsito de muchos artistas en buena parte de la historia de Dresden. Es una ciudad de mucho movimiento cultural. ¿Cuándo nació? Nací el 10 de octubre del 38. O sea, un poquito antes de empezar la Segunda Guerra Mundial. ¿Y ahí fue cuando vino para la Argentina...? No, no. Papá estuvo en el frente durante toda la guerra, en el Frente Ruso. Estuvo un tiempo en Francia pero después lo trasladaron a Rusia y ahí permaneció hasta el final de la guerra. ¿Cómo se llamaba su papá? Erich ¿Y su mamá? Mary Wanda. ¿También era alemana su mamá?
Antepasados de mi mamá fueron allá. Participaron de esas Cruzadas, de la organización de esos países, sobre todo Estonia, Letonia y Lituania y... bueno, se quedaron a vivir allá. Pertenecen a la historia de esos países. ¿Y su papá? Nació en Alemania. Lo que pasa que mi mamá vivía su familia allá y mi abuelo trabajaba en Rusia. Mi mamá nació en Rusia, tenía una familia de nacimiento rusa. Aunque la nacionalidad es alemana. Porque después, durante la Revolución Bolchevique, tuvieron que escapar de esos países y volver a Alemania. Y ya desde 1917 que están viviendo en Alemania. Se repatriaron, podríamos decir. Su papá fue convocado al Frente Ruso. ¿Sobrevivió?
¿Y qué le contó de esa experiencia? ¿Mi papá? No hablaba mucho de eso. No le gustaba. Trataba de olvidar tal vez... Eh... de olvidar o trataba de superarlo tal vez. Olvidarlo no se olvida. Por ahí sí contaba algunas cosas, sobre todo cuando éramos chicos y estábamos desconformes con algo, entonces empezaba con su recuento de su vida y nos decía "Ustedes tienen que estar muy contentos y estar siempre conformes... ¿por qué? porque estamos juntos, la familia sobrevivió, hemos pasado cosas peores y si hay algunas cosas que no nos gustan... y bueno, hay cosas peores". ¿A qué se dedicaba su papá? Él era agrimensor. En Alemania estudió y trabajó de eso, agrimensura. ¿Y su mamá?
Dresden tenía un anillo forestal muy grande y en la ciudad estaba organizado el cuidado y había que hacer de todo. Desde cortar árboles viejos o grandes, para utilizarlos y volver a plantar después. Era una foresta organizada. ¿Y cómo era su mamá? ¿Cómo era? (busca en su recuerdo y se le nublan los ojos) Es un poco difícil de describir. Tenía una fortaleza muy grande. Digamos que al tener tres chicos cuando terminó la guerra, después de terminada la guerra nació otra hermana y había que criarla. Entonces, como mujer, mujer delicada, inclusive pertenecía a una familia de la nobleza del Báltico. Tenía una educación y podría haber tenido una vida muy distinta, sin embargo tuvo que pasar de todo. Una cosa que... ¿Tenía título nobiliario? Sí. Mi mamá sí, era baronesa. ¿Baronesa de dónde? De Buxhoeveden. La familia es Buxhoeveden. Bueno, mi tío acá, en Puerto Madryn, se lo conoce por el apellido, entre los pobladores viejos. Pero mi mamá tuvo una educación que, dentro de la educación de la nobleza, se le daba también una educación práctica. Es decir, un oficio. Mi mamá aprendió enfermera de chicos, enfermera pediátrica. En su juventud. Y después lo practicó hasta que se casó y después, nunca más. ¿Ella en que año nació? En 1910. En Rusia. Que esto se transmite, aunque se pierde el título nobiliario, esto va por otro lado. Y eso, mi abuela se lo enseñó a mi mamá y mi mamá nos lo transmitió a nosotros. La nobleza se nota en una persona cuando baja la escalera. Pero no se trataba de una escalera dentro de un salón sino como bajar la escalera social. O sea que por más que baje de nivel y tenga que trabajar de cualquier cosa para sobrevivir, siempre con dignidad. ¡Qué imagen! Eso es la nobleza. La nobleza no es el título. Una persona sin título puede tener esa nobleza. ¿Cómo era su papá? Mi papá también era un tipo muy pensante. Después que volvemos a reencontrarnos con mi papá porque prácticamente lo conocimos a los 10 años. Teníamos 10 años, mi hermano mayor tenía 11 y la otra tenía 9 y la más chiquita tenía 5 años. ¿En qué año se casaron sus padres? En el 36... ¿Y cómo fueron naciendo?
Hermann, cuando terminó la Guerra, ya nos ayudaba con paquetes de comestibles. Cada dos meses mandaba paquetes con comestibles. Y cuando vino mi papá de prisión, nos mandó la invitación de venir a la Argentina. Esto a través de unas cartas que no llegaban directamente, porque esas cartas eran censuradas, controladas, entonces si llegaban a descubrir una carta de esas... Es que a nosotros nos tenían vigilados. Esas cartas vinieron pasando por Berlín y mi papá las iba a buscar, a la casa de una parienta. Fue a buscar dos cartas comprometedoras. Y cuando después de eso, mis padres organizaron el viaje y fuimos a Berlín, por caminos separados. Mi mamá con mis dos hermanas y mi papá que nos vino a buscar a la casa de mi abuela, en otra ciudad, y también fuimos. Es decir, la familia, por caminos separados para no llamar la atención. ¿Dejaron todo? No, no dejamos todo. Antes de eso iba mandando cosas a Berlín, en forma disimulada. En esa época en Berlín todavía no estaba el Muro. Había mucho tránsito entre las dos zonas, y así se pudieron pasar todas las cosas, de a poquito, que luego trajimos acá. Que no era mucho tampoco... ¿Qué distancia existía entre donde ustedes estaban y Berlín? No podría precisarte... pero sí recuerdo que mi papá, para ir a buscar esas cartas, lo recorrió en bicicleta, ida y vuelta. O sea que aún después de los 5 años de prisión que vino "así delgado" (eleva el dedo meñique), totalmente demacrado... aún en esas condiciones él aguantó esos dos viajes en bicicleta. Eso también era parte del espíritu que tenía.
Una manera de preservarse... Claro, sí. Y una forma de mantener la dignidad, la moral porque eran tratados muy mal. Tanto es así que la población civil tampoco no vivía mejor. Porque contaba mi papá que una vez, un poblador, campesino, le dijo "nos cambiamos de lugar, yo voy adentro del campo de concentración y vos vas a mi chacra"... O sea que las condiciones de vida de los pobladores tampoco eran buenas. Pero eso es lo que hacían. Mantenían el espíritu y el cuerpo, no solamente mi padre sino sus compañeros. Eran todo un equipo de trabajo que trataban de mantenerse de una forma digna. Y esto es lo que hizo que después, mi papá aceptara venir acá, como un juego. Para él fue toda una felicidad venir con toda la familia, haber sobrevivido con la familia reunida acá en la Patagonia... ¿Ustedes dejan allá a sus abuelos? Allá quedó una abuela y una tía, nadie más. La abuela es la mamá de mi papá. Mi abuela materna había fallecido durante la Guerra Mundial, en un internado de ancianos. Porque eso también fue una parte del Régimen Nazi que se conoció muy poco. La población alemana sufrió cosas que hoy se están conociendo y mi mamá dice que mi abuela fue una víctima del nazismo, porque murió en un asilo de ancianos y no sabe cómo. O sea que la recluyeron por el sólo hecho de ser anciana... Y sí... ¿Qué otras historias conoce?
¿Cómo vivían ustedes, siendo chicos, durante la guerra? Digamos que no nos faltó nada esencial. Tanto es así que la acción social del Gobierno era muy buena. Esto era lo que confunde, tanto al pueblo alemán durante ese período que como hoy cuando se estudia el fenómeno. Confunde porque había bienestar dentro de Alemania. Movilizados, lógicamente, por la fabricación de armas. Mucho del trabajo que había Alemania era por armar Alemania. Pero hoy ¿Cuántos viven de la fabricación de armas? Es un fenómeno mundial, un problema humano que nada tiene que ver con la división de las naciones. Se vivía bien. Tanto es así que yo a los 3 años me enfermé de tuberculosis. Me lo detectaron y enseguida me mandaron a la Selva Negra a curarme, a un sanatorio, y todo eso a cargo del Estado. Estuve como tres meses internado en un ex monasterio, atendido por las enfermeras, todas monjas católicas que, inclusive ahí aprendí muchas costumbres de la confesión católica. ¿Ustedes eran católicos? No, evangélicos alemanes. De la Iglesia Evangélica alemana. ¿Eran practicantes? Practicantes... Íbamos a los cultos porque mi mamá nos llevaba... Digamos que en ese aspecto sí éramos practicantes. Por ejemplo la fiesta de Pascua, de Navidad, nos llevaba a la iglesia, nos transfería parte de la fe. Y con las monjas fue incorporando otras cosas... Claro, claro... Fui incorporando. Después las traje a mi casa y se me reían por lo que practicaba. Pero yo estuve tres meses internado allí y todo pagado por el Estado. O sea que en ese aspecto estábamos cubiertos. Lo que pasa es que la guerra se desarrollaba fuera de Alemania. Los frentes estaban en Francia, Polonia, en Rusia en África. ¿Cómo sentían ustedes la guerra?
Lo llamativo del bombardeo de Dresden es que no había ninguna industria estratégica al final de la guerra. Fue un plan de venganza. Como en el caso de Hiroshima, para quebrar el espíritu alemán. ¿Es fácil de quebrar el espíritu alemán? Siempre hay una forma. Cualquier pueblo, por fuerte que sea, hay formas de quebrantarlo. Sí. Fácil o no. Se mantenía unido durante la guerra... Sí, sí. Había una unidad en el pueblo alemán. Depende del gobierno, se puede unificar. Yo creo que en verdad la real unificación se está haciendo hoy. En condiciones mucho más democráticas... Cuénteme de su tío. Él vino a la Argentina ¿por qué vino?
Se empleó en esa casa, que era de Bremen, Lahusen. Una empresa que tenía sucursales, casas de compra, ramos generales aquí en la Patagonia, en todos lados. Y entonces, fue designado a la Argentina. Como comprador experto de lana. Y cuando vino aquí, estuvo un año en Buenos Aires. La empresa, lo que quería era que la gente que viniera de Alemania, conociera primero las costumbres del país, que se adapte al país, que conozca las gentes, las costumbres... Porque si tenía que ir a recorrer, no podía hacerlo sin ese aprendizaje. ¿Hablaba castellano? Lo aprendió en ese año en Buenos Aires. Sabiendo que venía a la Argentina, se hizo de un diccionario, pero el idioma lo aprendió acá. ¿Qué edad tenía su tío por entonces? Vino acá en el 28... o sea que tenía 19 años. Se llamaba como te dije, Hermann Buxhoeveden. El origen del apellido es el nombre de un pueblo, muy chico. Un integrante de la familia, que fue Obispo, fue mandado a esa Cruzada para colonizar esos países. Y después fue conocido, en la historia de los Países Bálticos, como Tallin la capital de Estonia. Hace poco, en 2001, cumplió 800 años y una buena parte de la familia fue a la celebración. ¿Usted, fue? No, yo no pude ir. Si uno se lo propone va, pero no, no podía. Volviendo a su tío... Sí. Después de ese año de aprendizaje en Buenos Aires, es designado en Comodoro Rivadavia. Iba a los campos a buscar y comprar lana. ¿Usted sabe qué pensaba de la Argentina de aquella época? ¿Qué pensaba mi tío? Bueno.. Calculo que hay cosas que gustan y cosas que son difíciles de aceptar. Por lo extraño de la cultura. Es una cultura distinta. Le gustó la Patagonia como paisaje, como lugar, siempre le gustó. Era un enamorado. Y pintó la Patagonia. Tenía muchos cuadros con paisajes de la Patagonia. Tanto del paisaje rural como del paisaje urbano. ¿Tiene algún cuadro de él?
Esa exposición la organizamos desde el Centro de Estudios Históricos, moviendo ese tipo de cosas, con la familia. En ese tiempo se hizo una reproducción para vender y esto es la mejor forma de indicar cómo mi tío quería a la Patagonia. Fue una carta de él, cuando recién llega y hace su primer viaje de Comodoro a Río Senguerr. En ese tiempo era toda una aventura. Y en esa carta describe el viaje, cómo es el paisaje, cómo vive la gente, cómo es la gente. En la carta trasluce un poco las cosas extrañas que le estaban pasando. ¿Conserva esa carta? Sí, sí. En algún momento la quería publicar. Bueno... entonces, los manda a llamar, los invita a venir a la Patagonia... Él hace toda su vida acá, se casa, todo. ¿Cuántos hermanos tenía su mamá? Ese solo. Mi tío organiza su vida acá. Hace algunos viajes a Alemania y tiene contactos con mi mamá . Se casa con una mujer que ya conocía en Alemania y vienen acá. Es otra historia que hay que decir: las mujeres que seguían a sus novios hacia el país donde estaban trabajando y fue una aventura también. Hay muchas mujeres que sin conocer el país, el novio las llama y vienen y desarrollan toda su vida acá. ¿Y cómo se llamaba esa mujer? Margarita Thümmelt. Vienen, se casan en Comodoro y viven en Comodoro. ¿Está la casa donde vivieron? Oh, no. Ya todo desapareció. Hasta el local de Lahusen también desapareció. ¿Y cómo sigue la historia de ese tío? Bueno, hacen su vida acá. Nacen sus tres hijos en la Patagonia: uno en Comodoro, otro acá en Puerto Madryn, porque a él, a mi tío, lo trasladan a Puerto Madryn como jefe de la empresa... ¿Cómo se llamaban los hijos?¿se acuerda? Crista, Reinhold y Hermann, como el padre. Bueno, como dije, vienen acá y nos ayuda, mandándonos esos paquetes con comestibles que era el contacto concreto con Argentina. Conocer de manera tan concreta a partir de algo que tanto necesitábamos. Para nosotros, la Argentina era un país que no pertenecía a este mundo. De abundancia. Y mi tío si mandaba eso, quería decir que estaba en buena posición. Era la mejor demostración. ¿Qué sentía cuando llegaban esos paquetes? ¡Ah! No sé... (risas) ¡Era un corso en la casa que no lo puedo describir! ¿Y qué les mandaba? Y... todo lo esencial. Una cosa, por ejemplo, que después conocí acá: el corned beef. Manteca en lata, manteca salada para que se conserve mejor. Leche en polvo, arroz, harina de trigo... Había, inclusive, chocolate, que para nosotros el chocolate era un lujo. Y me acuerdo que mandaba café, que en mi casa no tomábamos café. Mi mamá eso lo convertía en plata. Ese aspecto eran valores incalculables en Alemania, en Alemania Oriental. Era, el café, un artículo de lujo. Únicamente se conseguía en mercado negro. Mercado negro oficializado... Eran negocios donde se vendían artículos de lujo por mucha plata. Y mi mamá esto lo vendía. Y no sé si venían cigarrillos también, que ella convertía en plata. Todo lo del paquete era útil. Pero, sobre todo, era un indicador de lo que significaba la Argentina. O sea que cuando a mis padres les dijeron que vengan acá, fue toda una decisión. Hacer semejante mudanza... cuántos alemanes de Alemania Oriental iban a Alemania Federal... Eso sí era frecuente. Hasta que hicieron el Muro y perdieron hasta eso. Pero... irse al extranjero era decisión de muy pocos. Tenían posibilidad de hacerlo los que tenían parientes. ¿Se charló el tema previamente? No. Recién cuando nos encontramos todos ahí, en Berlín, después de llegar por caminos diferentes. Llamó la atención que de repente estaba toda la familia junta en Berlín. ¿Haciendo qué cosa? Una cosa extraña. Y a la noche nos reúnen y mi padre nos cuenta que nuestro tío nos había invitado a venir a la Argentina y que habían aceptado. Esa primera noche fue... un golpe... tan repentino que... nosotros nos poníamos a llorar. La primera reacción fue, muy violenta. Pero, al día siguiente, había desaparecido el impacto. El impacto lo habíamos acusado y desapareció. En el transcurso de uno o dos días lo habíamos asimilado. Estuvimos en Berlín, en un asilo de refugiados, todo un año. ¿Por qué? Porque teníamos que hacer las visas, papeleo. Pero había una dificultad porque a mi mamá no le daban la visa porque había nacido en Rusia. Y para el Gobierno argentino -y no sólo para el gobierno argentino después de la Segunda Guerra Mundial-, todo lo que venía de Rusia era bolchevique. Era rojo. Rojo, bolchevique o comunista, era un paño rojo para los gobiernos. Porque ya estaban teniendo experiencia con gente así, ya desde mucho antes. Pero después, de la Segunda Guerra Mundial, el comunismo empezó a expandirse y a ocupar lugares impensables... Desde américa -y esto sobre todo liderado por EEUU- la resistencia. Todo lo que venía de Rusia "era comunista". Y bueno, la partida de nacimiento de mi madre era la piedra del escándalo. Y no le querían dar la visa. Nosotros teníamos todos los pasajes y las visas, perdimos dos barcos por esa demora, y mi tío tuvo que tocar muchas palancas acá, en Argentina, y quien nos resolvió el problema, fue el Almirante Marcos A. Zar. Que había estado mucho tiempo acá, en Madryn, y tenía mucha relación con mi tío. Y el vicealmirante tenía mucho arraigo en Madryn. Cuando se retiró, vuelve a Buenos Aires, y participaba en una agencia naviera. Era operador de esa agencia. Y mi tío le mandó una carta y él respondió positivamente, y hubo todo un intercambio de cartas y de telegramas hasta que -nosotros ya estábamos en Hamburgo- Habíamos tomado un avión de Berlín a Franckfurt y de ahí nos fuimos a Hamburgo, y antes del embarque, llegó la visa, dos días antes. ¿En qué barco embarcaron? En un barco argentino nuevo. Salía de Hamburgo y pasaba por España. En España tocó como cuatro o cinco puertos. Y Portugal también. Y se llenó de españoles y de portugueses... ¿Qué significaba para ustedes todo esto? (se ríe) ¡Uff! Son experiencias muy difíciles de catalogar. Uno puede decir "a nosotros nos gustaba todo", pero de repente aparecían cosas extrañas que nos sorprendían. Generalmente, en forma grata. Por ejemplo, cuando se llenó de españoles se armaban unas fiestas... Era una fiesta siempre. Y los portugueses también. Después en Brasil bajaban y en Buenos Aires terminó el viaje. ¿Y qué impacto fue para usted fue ver el puerto de Buenos Aires? El puerto no es muy distinto del de Hamburgo. El movimiento portuario, los barcos que van y vienen. El movimiento arriba de los muelles. El cuadro ese ya lo conocíamos de Hamburgo. Buenos Aires no nos sorprendió tanto el puerto, Nos sorprendió que estaba mi tío ahí. Mi tío estaba en Buenos Aires esperándonos. Estuvimos en la casa de un amigo de mi tío, un médico, el doctor Melisch, en Buenos Aires, que prácticamente vivía arriba de los dos boulevares. En Callao y Santa Fe. Ahí tenía un departamento. Ahí estuvimos unos 10 días. Era un departamento grande. Él tenía un hijo y una hija y el hijo era de mi edad, pero recanchero en Buenos Aires. Me llevaba para todos lados. En tranvía, colectivos, trenes. Ese primer contacto con Buenos Aires era inmenso. ¿Ustedes dos, los nuevos amigos, se hablaban en alemán? Ah, sí, sí. Él hablaba alemán porque, digamos, en Buenos Aires, una familia alemana, habla alemán. Va a escuelas alemanas, están integradas. Pero me causaba admiración la ciudad, tan extendida, con tanto tráfico. Como no existía en Alemania, más después de la guerra. ¿Y la gente? No tuve mucho contacto con gente. Pero ¿en el tranvía por ejemplo? Y... era extraño porque uno veía mezcla de gente. Hasta se empezaba a ver la población original, el rostro, la fisonomía... Estos contrastes eran totalmente desconocidos para nosotros. Pero mi mamá vivía impresionada, por el movimiento que había en Buenos Aires y sobre todo, por las posibilidades que había. Lo que cambió radicalmente al venir acá, a la Patagonia. Es decir: de Buenos Aires tomamos el tren, 24 horas hasta San Antonio Oeste, con camarote, que en Alemania jamás habíamos tomado un tren con camarote. Llegar de noche, cerrada, en invierno, en junio. Y ahí tomamos un colectivo. Transporte Patagónico creo que era. Un colectivo de 20 asientos, chico. Nada que ver con los coches que tenemos hoy. Horas por esa ruta, que era toda de ripio. Y en el colectivo, que entraba tierra por todos lados. Cada vez que hacía una parada, entre los pasajeros nos sacudíamos la tierra. ¿Y qué se decían entre ustedes, los hermanos, de ese viaje? Y... no sé... Nunca intercambiamos las impresiones que teníamos cada uno. Las disfrutábamos. El viaje lo disfrutamos, el viaje en barco, después en tren... Cuando llegamos acá a Madryn, toda la familia estaba esperándonos, así que fue otro corso más, mi tía y sus tres hijos, que eran de nuestra edad. Mi primo Reinhold tiene mi edad. Teníamos la misma mentalidad, las mismas expectativas... Pasa que la vida cotidiana era distinta. Mis primos se interesaban mucho por el deporte, el fútbol, las carreras de autos... Las revistas que compraban ellos eran Billiken y El Gráfico. Eran las que circulaban por la casa. ¿Dónde vivían? Todavía queda una parte. Era toda una manzana donde ahora está el Bingo. Eso era la ex Barraca Lahusen. En una esquina está el Correo, en la otra, el Bingo, sobre 28 de Julio hay comercios y en la otra esquina está el shopping... Toda esa manzana era de Lahusen. La caballeriza estaba donde hoy está el Correo porque la prensa de lana se hacía con una noria. Y mis primos, cada uno tenía su caballo. A la tarde ensillaban el caballo y se iban por el pueblo, al trote. ¿En cuál año era eso? En el 51. Vivimos en la casa de ellos -donde hoy está el shopping-, y ahí estuvimos casi dos meses. Hasta que mi papá consiguió una casa para alquilar, que esa casa estaba donde ahora está "Dormilindo". Mi papá consiguió trabajo en el Ferrocarril, en la carpintería -aunque no era su oficio pero...-, y ese fue el trabajo "fijo". ¿Rendía la plata en esa época? ¡Sí...! Sí. Él siempre hacía, en la casa, una changuita. Primero, para hacer muebles para nuestra casa. ¿Pero no era carpintero? No, pero la carpintería había sido su hobby. En Alemania tenía herramientas de carpintería para ello. Y tenía mucha habilidad. Retomemos: Usted llegó acá, su papá consiguió trabajo... ¿Cómo era la vida de ustedes? Mi tío nos anotó en la escuela 124. Llegamos en julio y en octubre fuimos a 5º grado mi hermana Mariane y yo, hicimos los dos juntos ese 5º grado de "oyentes". Octubre y noviembre. No teníamos ninguna obligación de hacer deberes, nada. Era para acostumbrarnos a los chicos, que nos conocieran, tomar contacto. ¿Fueron bien recibidos por sus compañeros? Sí. Eso es algo que, en aquel tiempo, lo tomé con toda naturalidad. Pero ahora que lo recuerdo, pienso que nunca fuimos extranjeros acá. El contacto con la gente y el encuentro, hacía que nos sintiéramos totalmente integrados, ya así, de movida. Aún sin hablar. Los chicos, al no saber el idioma, por ahí hacían la burla, pero nada que ver con algún intento de crueldad o de discriminación. Esos dos meses de contacto con los chicos... y ayudados por nuestros primos que iban a esa escuela, nos ayudaron a superarlos. Tuve la suerte de que en 5º grado había un chico de la colectividad alemana, Pedro Bertram, que enseguida me hice amigo con él. ¿Vivía cerca? Aquí no había nada lejos... (risas) Los límites de Madryn eran Gales, España, estaba La Loma que estaba más o menos poblada... Lo más importante era la Escuela y el Hospital, en La Loma. Y después el centro, que iba hasta donde hoy está el Politécnico. Y todo ese espacio no estaba totalmente ocupado. Había muchos terrenos baldíos. Cuando más se alejaba de la orilla más terrenos baldíos. Cuando mi papá se empleó en el ferrocarril, estaban construyendo el barrio ferroviario. Lo estaban ampliando. Se anotó para que le den una casa, y se la dieron. En el año 53 ingresé yo al ferrocarril. Era una casa nueva, con todas las comodidades. ¿Cómo eran los habitantes de esa época, cómo los recuerda? No teníamos mucho contacto directo con los pobladores. Sí con los pocos alemanes que había acá, más que nada por el idioma. Y con los vecinos... Yo diría un contacto normal, no íntimo. Con los compañeros de trabajo ya era otra cosa. En el trabajo había mucha mezcla de nacionalidades. Estaban los Mikoff, Popoff, Urbati, que eran extranjeros, búlgaros, rusos. Después había españoles, argentinos descendientes de españoles, italianos. Toda la mezcla que es habitual encontrar en Argentina estaba ahí, en el ferrocarril. Ahí había un contacto más cercano con los compañeros. De pronto a escondidas se compartía el mate o cuando hacía frío nos reuníamos en derredor de la estufa... y charlábamos. ¿Y sus hermanos, los que nacen en la Argentina? Uno solo, Martín. Al año de llegar acá, en agosto, nace él. Lógicamente él desarrolla toda su vida aquí. Fue algo llamativo, porque mi papá, con ese chico, estaba muy pegado, se desvivía por él. Fue el único hijo que pudo disfrutar desde su nacimiento hasta la adolescencia. Esto hace que, además de la diferencia de edad, era el mimado de la familia. Dentro de la familia, él aprendió a hablar alemán, a tal punto que lo escribe y lo lee y lo habla. No correctamente, pero lo hace bien, y sin haber ido a una escuela. Lo aprendió en la casa... ¿En su casa se hablaba alemán? Sí, se hablaba alemán... ¿Y se comía comida alemana? La parte de la carne, carne capón, en ese tiempo acá era carne de capón. No era carne vacuna. Era un lujo y casi no se conseguía. Y la incorporación del pan blanco, el pan de trigo. Esto en Alemania no se conoce. Lo habitual es el pan de centeno. Durante mucho tiempo mi mamá trataba de conseguir harina y lo hacía ella, pero estas fueron las cosas más importantes que se incorporaron. Y el vino, también. Tomar vino... No tomábamos vino habitualmente en las comidas, pero había un asado y tomábamos vino. El hecho de hacer un asado como cuando mi tío, que tenía mucha relación con la gente de campo, le decía "llevate este cordero"... o lo que fuera. Pero siempre venía con carne fresca. Y hacía un asado y estábamos ahí la familia. Estas fueron las cosas novedosas. Además, por ejemplo, el pescado de aquí es distinto al de Alemania. En aquel tiempo el pescado que se comía era de los pescadores artesanales, pescado de costa. Y era pescado fresco. Se comía mucho. Me había comentado que también trabajaba cuando iba a la escuela ¿no? Sí. En esos dos meses de oyente había conseguido un trabajo de cadete, en la Tienda Madryn. A la tarde iba a trabajar. Por un lado porque hacía falta ayuda a la casa y la plata que yo traía era, una parte, para uso doméstico. Y la otra parte se la daba a mi papá y cuando yo necesitaba algo, él me preguntaba que qué quería comprar. Y le decía que tal cosa y él me contestaba "no te hace falta". Un día le decía que quería comprar un par de zapatos, entonces me contestaba "ah, está bien". ¿Y la bicicleta? es un clásico de los chicos... Sí... Pero bicicleta recién tuve cuando trabajaba en el ferrocarril y con el paralelo 42 aquí entraban bicicletas importadas. Ahí me compré una bici. Pero lo que sí, lo que ganaba se lo daba a mi papá y él lo administraba. Ahora, después de esos dos meses de oyentes, que vinieron las vacaciones, tuvimos maestra particular para aprender español. Porque ya teníamos que ingresar como alumnos regulares. Necesitábamos un certificado de haber hecho la escuela primaria porque secundario, acá, no había. Mis primos estaban viajando a Trelew para ir al Comercial. La única forma de tener un título secundario era viajar a Trelew. Cuando terminamos esos tres meses de vacaciones, ingresamos a 6ª grado y lo aprobamos. Al terminar la escuela, como tenía todo el día libre, me conseguí un trabajo de cadete en La Proveedora. Ahí estuve 8 meses. Embolsaba las galletas para las estancias. Y de paso, apartaba algunas y comía, porque la galleta fresca es una cosa riquísima. También atendía a la gente. Los dueños, Antonio y Tito Rodríguez, salían mucho al campo, a cazar. Y un día me preguntan si quería acompañarlos, a conocer el campo. Salimos un domingo, fuimos a Punta Ninfa, y ahí empecé a conocer el campo, el paisaje. Fue de lo más placentero. Toda gente grande, hombres grandes que me tenía como de hijo. Llevaban armas para cazar y cuando iban a pescar, me las dejaban para que yo salga por el campo. Empecé a usar armas a los 13, 14 años. ¿Qué cazaban? Liebres, martinetas, patos... Lo que había en el campo. Y cuando iban a la costa traían pescado. Una vez fuimos a Telsen, que eran dos días de viaje. Salimos un sábado a la mañana y volvimos el domingo a la noche. Trajimos cosas. Cada uno se trajo un chivito. Después lo hicimos en casa. Es decir: tuve contacto con la otra parte de la Patagonia que es el paisaje y las costumbres de campo. ¿Y le empezó a gustar? Y claro. Aunque nosotros vivíamos en el campo en Alemania, son campos totalmente diferentes. Eran papas o cereales... y además, no había un pedazo de tierra sin cultivar. El aspecto, la tierra, era fértil. Acá esto es árido. Ir al campo y ver las plantas y todo seco y los animales silvestres. Pensar en Alemania salir con un rifle a cazar es imposible. Acá salía de mi casa con la escopeta al hombro... era normal. Primero cazábamos con arco y flecha. Y después compramos armas y salíamos a cazar y traíamos martinetas, pato, lo que fuera... Esto era algo impensado en Alemania. Impensado también hoy acá. Esa sensación de poder hacer lo que uno quería... ...libertad... ... exacto... Cuando dije que quería comprar una escopeta, mi papá tenía sus objeciones. Después, estuvo de acuerdo y él me recomendó cuál. No conservo la primera escopeta, pero la otra, sí. ¿Y cómo sigue su vida...? Mi padre trabajaba en los talleres porque aquí se hacían reparaciones y fabricaciones del ferrorril. Entonces hubo una conscripción de aprendices en todos los talleres y entraban 6 aprendices. Y papá me dijo si quería ir a trabajar al ferrocarril. "Hay un lugar para aprendiz en la carpintería", me dijo. Y yo siempre lo había visto trabajar a él con sus herramientas y se había dado cuenta de que yo tenía habilidad. Así que ingresé como aprendiz... tenía casi 14 años. Y entré ganando más de 300 pesos. Imaginate, en la tienda ganaba 30 y me aumentaron a 40 y me parecía una barbaridad... Cada año, en el ferrocarril, nos daban una asignación mayor. Al año siguiente yo estaba ganando más de 400 pesos... ¡Era un potentado! Pero la plata siempre la administraba mi papá. Pero tenía otras posibilidades. Mis hermanos menores no aportaban nada porque iban a la escuela. Yo era el único que aportaba. Mi papá hacía siempre changas en las casas. Y mi mamá, las cosas de la casa. Pero, teníamos un gallinero, algo curioso. Antes de venir a la Argentina, en una carta, mi tía le dice que ya había puesto una "clueca" para que cuando nosotros llegáramos, y armáramos nuestra casa, tuviéramos pollitos para hacer un gallinero. Pensando siempre de qué manera ayudarnos. Cuando nos mudamos a la casa del ferrocarril, trasladamos el gallinero. Teníamos huevos todos los días e, inclusive, matábamos algún pollo. Además, teníamos huevos para el invierno. Por ahí, también los vendíamos, y agregamos una conejera. Aprovechábamos todos los restos de la comida, nunca nada iba a la basura. Si traíamos algo del campo, todo iba a la olla. Y eso que mamá era muy canchera y lo había aprendido de chica porque, dentro de la nobleza, tenían coto de caza. Cazar no era un "deporte" sino algo para la subsistencia. Nada de lo cazado se desperdiciaba. En esa época ¿Se notaba el crecimiento de Madryn? No, todo lo contrario. El ferrocarril ya languidecía. En realidad cuando se nacionalizaron los ferrocarriles comenzó a haber superpoblación de personal, No digo que estuviera mal, porque era darle trabajo a la gente, pero la administración fue discrecional. Se empezó con el escalafonamiento y esto resultó negativo porque provocó la ineficiencia de la empresa. Además, se empezaron a mejorar las rutas y entonces, los que antes contrataban con el ferrocarril, preferían los camiones. Además en Patagonia no había una red interconectada. Eran aislados. Lo que hubo fue falta de continuidad en la red ferroviaria. Si se hubiese hecho la red ferroviaria que estaba proyectada, estaríamos conectados con el Norte. Trabajé 8 años, 5 años de oficial. Hasta que se clausuró en el 61. Con Frondizi no era la administración de antes. Empezamos a depender del Roca, después del 55, con el derrocamiento de Perón. Frondizi estableció que el ferrocarril patagónico daba pérdidas, entonces lo clausuró. Al cerrarse el ferrocarril, empecé a trabajar en la carpintería, acá. Mi padre me dijo que me convenía aprender más del oficio, porque lo que yo había aprendido acá era muy limitado. La falta de mercado para otros trabajos en carpintería. Ya habíamos montado un taller en la casa pero mi padre me dijo que tenía que ir a Buenos Aires a aprender más, con otro mercado, otros requerimientos. ¿A dónde fue? Mi primer trabajo allá fue en Ciudadela, en una fábrica de muebles de estilo. Estuve un año allí. Vivía en Ramos Mejía, en una pensión, muy simple digamos. Y después cambié. Me fui a una carpintería que hacía muebles de medida, en Florida. Allí trabajé como dos años. Hice trabajos que nunca hubiese imaginado en Ciudadela y en Florida. Yo hacía trabajo de banco. O sea, la terminación para después enchapar. Las tallas se hacían fuera de la fábrica. ¿Dónde conoció a su esposa? La conocí acá. Estaba de vacaciones. ¿Cómo se llama su señora? Inés Di Tulio. De origen italiano. De esto no hay que asombrarse. En un país donde hay tantas nacionalidades juntas... ¿Llegaron a Madryn... ?¿Qué hace en su taller? Ya no hago nada. Estoy jubilado. A partir del 2000/2001 que había falta de trabajo, aproveché para hacerme esta casa donde vivo. La hice en uno de los terrenos viejos, o sea, el primer planeamiento urbano. ¿Qué trabajos son los que recuerda con más afecto? Cuando volví a Madryn, en el 79, me compré este terreno y tenía el taller con mi papá. Empecé a trabajar con Manolo Rodríguez, que es... la ex Barraca Francesa. Ahí tenía Manolo la maderera y sus máquinas. Y después, aquí, en mi taller, trabajo por pedido. Amoblamientos. Confiaban y dejaban a mi criterio los diseños. Siempre recomiendo no cambiar el color de la madera, respetar lo natural. Hoy, por cuestiones económicas, no todos pueden pedir muebles a medida. La crisis del 2001 influyó. Cuando uno sabe el oficio no hay nada complejo. Sobre todo cuando se tiene la libertad del diseño, cuando uno se hace un nombre. No puedo hacer un mueble de estilo o una escalera caracol. Son especialidades. ¿Y ese perchero? Está hecho por mi suegro, en el 20, cuando vino el Príncipe de Gales. Se lo encargó la Embajada. Él hizo uno de más para su casa. ¿Y esos magníficos sombreros? Los necesito cuando voy al campo... ¿Y qué hace en el campo? Soy Guía de Turismo desde el 92. ¿Y a quiénes guía por el campo? Al paisano de habla alemana, austríaco, suizos... aquellos que la agencia de turismo recibe y me contratan. ¿Trabajó con todas las agencias? Sí, freelance pero no todas me llaman o no me entienden. ¿Qué es lo que al turista le impacta más de esta zona? El paisaje y, sobre todo, la amplitud. Por el aumento del turismo extranjero me pedían intervenir acompañando a los grupos como interprete del guía en castellano. Necesitaban que lo tradujera al alemán. Desde que volví a Puerto Madryn empecé a trabajar en actividades comunitarias, sobre todo en entidades que se preocupan por el tema ambiental, natural y cultural. Al volver la democracia en el 83, se creó "Conciencia Ambiental". Madryn creció mucho y se perdían cosas. Los gobiernos administraban el crecimiento espontáneo de la mejor manera posible. Entonces apareció gente que quiso que no se pierda la identidad de Puerto Madryn, la integración de la gente nueva. En las escuelas, las maestras no sabían contarles la historia de Puerto Madryn porque ellas venían de afuera por el 70. ¿Y no estaba documentada la historia? Claro, claro. En "Conciencia Ambiental" considerábamos el ambiente como un todo, cultural y natural. Que van de la mano... No se puede dejar fuera al hombre, que es quien modifica el ambiente natural. Esta institución nunca se consolidó y a partir del 88, a partir de la Multisectorial de Cultura, sale el Centro de Estudios Históricos y Sociales. Retoma lo que había dejado "Conciencia Ambiental". El hecho de investigar y difundir lo histórico de Puerto Madryn, como guía de turismo venía de la mano. Porque lo que uno hace es transmitir lo local. Esto lo hice. Había falencias entre los guías a los que yo tenía que traducir. Entonces, yo no les traducía, decía lo que yo conocía mejor por haberlo vivido. Cuando terminé con ese primer trabajo le dije al Operador que yo podía hacerlo solo. La agencia me mandó con los grupos, solo. Pero esto fue observado en las Áreas Naturales, porque yo no tenía el carné de guía. Tenía que hacer un curso para estar autorizado. Entonces abandoné la actividad hasta tanto se abriera un curso. Lo hice y lo aprobé en el 91. ¿Qué es lo que más le atrae al turista? El nombre Patagonia es una marca instalada en todo el mundo. Como otras marcas que tienen magnetismo. Algunos turistas vienen informados pero, al tener contacto, quieren ampliar y tener contactos más personales. Después de dos o tres días aparece la pregunta inevitable: "¿Cómo vino, un alemán, a parar a un lugar tan perdido?" Que es lo que dio inicio a esta nota... Ellos quieren saber cuáles son los sentimientos íntimos hacia el lugar donde uno vive. Es lo que transmito en ese sentido: la pertenencia, la información, así es como el relato fluye de otra manera. También buscan la sensación de amplitud, la sensación de libertad, el no estar atados a nada. Las leyes naturales que impresionan más que las impuestas por el hombre. Ese grupo que preservó la naturaleza, el medio ambiente, la cultura ¿Usted cree que hoy continúa con su misión, como política ambiental de preservación del medio ambiente, preservación de los espacios naturales? No hay una política de protección del medio ambiente. Y menos, una planificación seria. Acá es más fuerte el afán de explotar los recursos que de proteger a la naturaleza. Eso de hacer una explotación sostenible está en las letras, pero no se pone en práctica. ¿Cuáles son, entonces, las mayores falencias que usted ve en nuestra política turística y cultural? Justamente que parece que estuviera dictada por las necesidades económicas o por las empresas. Los empresarios que tienen sus empresas montadas en base a la explotación, lo que quieren es la mayor ganancia y son los que marcan el rumbo de la masividad. La falta de monitoreo, de control sobre los atractivos. Hay mucha presión. Por ejemplo: la llegada de los cruceros turísticos a Puerto Madryn. La gente baja, en un día y en pocas horas, aparecen en la reserva cinco o diez colectivos. Esa es una presión muy grande. Estamos recargando los atractivos. Más allá que el turista imagina la soledad, pero cuando llega a los lugares turísticos, es una multitud. Hay lugares no tan conocidos, en los que hay más soledad, como por ejemplo Puerto Deseado. El turista aprecia la soledad, sobre todo el extranjero.
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